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Opinión

La insostenibilidad financiera y el espejismo del control estatal total

José J. Vergara Díaz
José J. Vergara Díaz
Columnista
5 de noviembre de 2025

El reciente informe económico de Anif sobre el deterioro del patrimonio de las EPS, que pasó de -2.3 billones en 2022 a -12.5 billones en agosto de 2025, no hace, sino poner cifras a algo que en la práctica clínica y en terreno los médicos venimos observando hace años: el sistema no se está rompiendo… el sistema Ya está roto.

Lo verdaderamente grave no es la crisis: es la forma como el gobierno insiste en tramitarla a punta de imposición normativa, discursos y órdenes administrativas, desconociendo que la salud no se gestiona como un acto de fe ni como una batalla ideológica sino como un sistema complejo biológico, demográfico, financiero y logístico con leyes propias. Y ese divorcio entre la evidencia técnica y las decisiones políticas es hoy uno de los principales determinantes estructurales de riesgo sanitario en Colombia. La fragmentación no nace porque existan las EPS. La fragmentación nace porque el Estado no regula con rigor técnico, no anticipa requerimientos poblacionales, no planifica capacidad instalada con base epidemiológica real y no entiende que la UPC No es una cifra política, sino un ajuste actuarial. Si la prima no corresponde al riesgo real poblacional, el sistema colapsa por dentro. No por culpa del asegurador, por diseño. Sumemos algo peor: el gobierno cree que intervenir, centralizar y "controlar directamente" es sinónimo de eficiencia. Pero en medicina, y en sistemas de salud, la ideología sin gobernanza técnica se paga con mortalidad evitable y más corrupción. Cuando los recursos escasean, los tiempos se retrasan, los procesos se vuelven ineficientes y la respuesta clínica es tardía, el costo se mide en vidas y en recursos extraviados. La salud pública, la verdadera, requiere inversión estable en prevención primaria, vigilancia epidemiológica robusta, medicina familiar territorial, capacidad diagnóstica temprana, control fiscal estricto y gestión de datos sanitarios interoperables. Justamente lo contrario a lo que hoy ocurre, donde el debate político consumió la agenda y relegó el criterio científico a una nota de pie de página. Mientras el foco siga siendo "ganarle" al otro modelo, no importa cuál, y no garantizar resultados poblacionales medibles, el país seguirá aumentando su gasto de bolsillo, creciendo la mortalidad evitable y volviéndose aún más dependiente de soluciones privadas ad-hoc. Colombia ya logró cobertura universal. Pero la cobertura es solo una puerta de entrada. Lo que está fallando no es la puerta. Es la casa completa. Salir del agujero no es tumbar lo existente para improvisar algo nuevo bajo la narrativa del "Estado salvador". Es usar la ciencia, datos, demografía real y gestión clínica para construir sostenibilidad. Los médicos lo sabemos: cuando el diagnóstico es incorrecto y el tratamiento se basa en dogmas, no en evidencia… el pronóstico nunca mejora y el paciente fallece. Y Colombia, hoy, sigue en el diagnóstico equivocado.