
La Inmaculada Concepción

La Inmaculada Concepción, dogma católico, inspiró a genios del arte como El Greco. Celebrada el 8 de diciembre, fue clave en la cultura española y arte de la Contrarreforma.
Por Ensuncho De La Bárcena Es uno de los temas exquisitos de nuestra Historia del Arte. A ella rindieron tributo El Greco, Diego Velázquez, Pedro Pablo Rubens, Francisco de Zurbarán, José de Ribera, Antonio de Pereda, Bartolomé Esteban Murillo, José García Hidalgo, Giambattista Tiepolo y Francisco de Goya, entre otros. La Inmaculada Concepción es un dogma de nuestra Iglesia Católica proclamado por Su Santidad Pio IX, el 8 de diciembre de 1854, en la bula Ineffabilis Deus : “La santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, en el primer instante de su concepción, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, salvador del género humano”. Se celebra cada 8 de diciembre, nueve meses antes de la celebración de la Natividad de la Virgen, el 8 de septiembre. No debe confundirse este dogma con la doctrina del nacimiento de Nuestro Señor, que sostiene que Jesús fue concebido sin intervención de varón y que María permaneció virgen antes, durante y después del parto. A lo largo de nuestra Historia, poetas y dramaturgos a la vez que tanto escultores como pintores, orfebres y grabadores, se han dedicado a difundir la imagen de la Inmaculada Concepción. Aunque no está narrada explícitamente en los Evangelios, algunos exegetas la infieren del Evangelio de San Lucas (Capítulo 1, 26-38). Las alusiones a esta devoción datan de la antigüedad cristiana y sus conmemoraciones se llevan a cabo desde entonces, con el correspondiente impacto en nuestra iconografía. Tanto que es una de las imágenes favoritas del arte de la Contrarreforma (1545-1648). En el caso de nuestra cultura, es una de las principales señas de identidad colectiva hispana. La devoción a la Inmaculada Concepción de María, cuyos rendidos seguidores defendían que “entre san Joaquín y santa Ana, sus padres, no medió el contacto físico para concebir a su hija”. Se trata de uno de los temas más genuinos de nuestra tradición, “por cuanto que fue España el reino principal en la defensa del misterio y el que luchó con mayor insistencia ante los pontífices y la Iglesia por convertirlo en dogma de fe” (Museo del Prado). Nuestro bello dogma inspiró la creación de La Real y Muy Distinguida Orden de Carlos III, establecida por Su Majestad el 19 de septiembre de 1771 con el lema “Virtud y mérito”. El príncipe de Asturias llevaba cinco años de matrimonio sin hijos, por lo que al nacer el primer infante quiso su abuelo, Carlos III, dejar constancia de su gratitud a Dios y, en especial, a la Inmaculada Concepción de María, de quien se declaraba el rey profundamente devoto.