
La incomodidad como señal de crecimiento

La incomodidad también aparece cuando rompes esquemas mentales, cuando decides priorizar tu entrenamiento pueden surgir voces internas que cuestionan la decisión.
Hay algo que muchas mujeres descubrimos cuando empezamos a entrenar a los 40 años no es solo el cuerpo el que se siente diferente, también es la mente, y la primera reacción ante esa diferencia suele ser “incomodidad”, incomodidad física, sí, pero también incomodidad emocional, y a eso me refería en la columna anterior cuando les hablaba de ese momento particularmente obstructivo en los patrones de armonía estandarizados; en mi caso el divorcio había dejado efectos secundarios que atacaban más mente que cuerpo, el cerebro estaba haciendo de las suyas, me decía constantemente que no sería capaz de replantear mi nueva brújula, por ende las decisiones estaban supeditadas a los estados de tristeza, miedo al fracaso, una brújula que parecía dañada. pero les quiero hablar más exactamente del día en que ocurrió la magia, y fue luego de una larga noche en la que viví algo así como una catarsis, recuerdo haber pasado muy triste, no había dormido muy bien, y ya casi amanecía, tenía un dolor de cabeza muy fuerte, y la taquicardia que me acompañaba sin explicación científica alguna por esos días. El sol salió, y la mañana era perfecta, pero mi habitación aún estaba oscura, no tenía ganas como se había vuelto costumbre de subir la cortina, quería quedarme ahí en cama, en el lugar que creía seguro, Oré con tantas ganas que en esa referida catarsis, Dios hizo su magia, me levanté con una fuerza inusitada, me duché y una taza con sobrecarga de cafeína, me dio energía necesaria para empezar ese día con un nuevo chip mental, Llamé a un sacerdote amigo, y le dije que estaba lista para empezar, y eso hice, fue gradual, diariamente durante unos días, tuve muchos sentimientos encontrados, pero a la semana siguiente ya empezaría el camino de la reconstrucción real. Cada vez que haces algo que tu sistema resiste, se activa un bloqueo natural, el cuerpo protesta, y la mente enciende las dudas, aparecen entonces pensamientos como “esto no es para mí”, “ya es tarde”, “no estoy en forma para esto”, pero no son verdades, son mecanismos de protección. El cerebro prefiere la falsa zona de confort, incluso si esta no es ideal, y es así como prefiere la rutina sedentaria porque le es familiar, la inercia porque no exige adaptación, y el cambio implica gasto energético, el sistema siempre intentará conservar energía, por eso la incomodidad aparece. La clave está en cómo la interpretas, si la ves como señal de que algo está mal, retrocedes, si la ves como señal de crecimiento, avanzas. A esto voy, en ese punto sentía que no tenía modo de retroceder, debía atravesar esa fase inicial donde nada se siente completamente cómodo, y debía adaptarla con coherencia, aun sintiendo que el cuerpo se sentía torpe y los movimientos sin concentración. Ya no estás en la etapa donde sigues explorando que es lo que te va a ayudar, hay una realidad consiente, y es la de mejorar mente y cuerpo, por lo que sea que se esté atravesando y que implique un cambio urgente, aquí es donde eres consciente de tu edad, de tu historia, de tus limitaciones percibidas, y esa conciencia puede volverse juicio. Pero aquí está el punto crucial: la incomodidad no es humillación, te está mostrando exactamente dónde necesitas trabajar, si una caminata de 30 minutos te cuesta, no significa que seas débil, significa que tu cuerpo necesita desarrollar resistencia en ese patrón, si te fatigas rápido, no significa que estés fallando, significa que tu resistencia actual está en cierto punto. La incomodidad no te define, te ubica Y esa ubicación es necesaria para construir progreso real. Muchas mujeres abandonan en esta fase porque confunden incomodidad con incapacidad, se sienten fuera de lugar y se comparan con otras que parecen avanzar más rápido y hay que tener en cuenta que la primera vez que haces algo nuevo, el cuerpo aprende, la segunda vez ajusta, la tercera lo integra con repetición constante, y te das cuenta que lo que era incómodo se vuelve manejable, y lo que era manejable se vuelve natural, Esto requiere paciencia. Lo cierto es que a esta edad la paciencia ya no es ingenua, es estratégica, sabes que nada sólido se construye en días y que los cambios verdaderos toman tiempo, lo has visto en otras áreas de tu vida, has construido carrera, familia, estabilidad, todo eso tomó años. ¿Por qué esperar que el cuerpo funcione distinto? La incomodidad también aparece cuando rompes esquemas mentales, cuando decides priorizar tu entrenamiento pueden surgir voces internas que cuestionan la decisión: “¿No deberías estar haciendo otra cosa?”, “¿No es egoísta dedicarte tiempo?”, esas voces no son casuales, son producto de años de condicionamiento donde el cuidado propio se pospone constantemente, yo recuerdo que antes que la magia sucediera en mí, me dedique a ser una procrastinadora de mis cosas a nivel master; Decía el hacer deporte lo dejare para cuando mejore mi peso, entrenar se convierte entonces en una forma de resistencia interna, o contra el cuerpo sino contra el argumento que te dice que siempre debes postergarte. Hay algo poderoso en permanecer cuando sería más fácil abandonar, pero es algo que ya no te puedes permitir, ya que una vez inicia la magia, el hábito se fortalece día a día. Yo en mis inicios era consciente que así la rutina no hubiera sido la mejor, esta me daba la pauta para tener disciplina, para regresar al día siguiente aunque el entusiasmo no fuera igual. Cada vez que atraviesas incomodidad sin hacerte de ella mártir, fortaleces algo más que músculo, fortaleces carácter, y este carácter es lo que sostiene hábitos a largo plazo. No se trata de glorificar el sufrimiento, sino de entender que cierto nivel de incomodidad es inevitable y hay que aprender a vivir con esa sensación inicial sin permitir que defina tu decisión, sino de hacer que ella se fortalezca día a día. Con el tiempo, algo cambia y la incomodidad disminuye, también Los movimientos se sienten más fluidos, la resistencia mejora, y el cuerpo responde con mayor eficiencia, lo que antes parecía imposible se vuelve manejable, justo ahí entiendes algo importante: la incomodidad era temporal, pero el crecimiento duradero; y es esta comprensión la que cambia tu relación con el esfuerzo, ya que no le temes más a la sensación incómoda, y por el contrario la reconoces como parte del proceso, no como obstáculo definitivo. Pero hay un elemento fundamental que entra a jugar un papel muy importante en esta ecuación , la sostenibilidad, y esta incluye atravesar momentos de incomodidad sin abandonar, yo experimentaba profundos dolores musculares al inicio de este proceso, tanto así que tomaba muchos antiinflamatorios para aliviarme; yo entendí que esa incomodidad no me estaba diciendo que retrocediera, sino que la entendía, entonces leía, me documentaba, y visité las veces que era necesario a un gran Deportólogo amigo, el me enseño que moverme después de años de postergación, era un acto de valentía silenciosa, de sostenibilidad y de crecimiento estable. Lo importante es no retroceder, y permanecer con la convicción que el camino elegido es el correcto. ya diseñaste tu estrategia para iniciar?