
La hora del tigre

Abelardo de la Espriella acaba de demostrarle al país una nueva forma de hacer política. Sí: sin tamales, sin buses trasteando la misma gente de un municipio a otro, sin el aparato y los recursos del Estado a su servicio, sin compromisos políticos y, mucho menos, sin sembrar miedos ni resentimientos.
Les genera recelo a los seguidores de otros candidatos ver cómo este valeroso abogado monteriano ha sumado, día tras día, más simpatizantes a su causa, consolidando un robusto movimiento ciudadano. Este "tigre" logró interpretar el sentir de millones de colombianos quienes, hastiados de la corrupción, escándalos y los fracasos en salud, economía y seguridad del modelo impuesto por el gobierno Petro, decidieron unirse a este outsider en quien muchos vemos la única posibilidad de recuperar a Colombia. Hay que abonarle a Abelardo muchas cosas, pero, sobre todo, el ser auténtico y fiel a su esencia. Sin buscar ser "políticamente correcto", dice lo que tiene que decir de manera directa; demuestra valentía, seguridad y autoridad sin rasgos de tiranía. No teme enfrentarse a sus contradictores y, especialmente, genera la sensación de un líder dispuesto a dar hasta su último aliento para defender a su manada, para defender la patria. Ha logrado establecer una conexión con el pueblo que envidian desde otras esquinas, y ese entusiasmo es contagioso. No solo los adultos se identifican con él; también los muchachos que estrenan su voto y hasta niños que ya saludan con un "firme por la patria". A esto se suma su compañero de fórmula, José Manuel Restrepo, una respetada autoridad académica y económica. Es el complemento perfecto para hacer de Colombia la "patria milagro" que propone esta dupla, una que ya genera beneficios tangibles: el desplome del dólar y la valorización de los bonos colombianos tras el triunfo en primera vuelta el pasado domingo. Sí, en Colombia se pueden hacer las cosas de manera diferente y bien hechas. Abelardo lo está demostrando.