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Opinión

La hora de los jueces

Selma Samur de Heenan
Selma Samur de Heenan
Columnista
25 de junio de 2023

La ruptura Gobierno-Congreso podría tentar acciones contra el Estado de Derecho. La rama judicial, a través del control de excepción, protege la legalidad, mientras el país reafirma su tradición democrática.

Por Roberto Samur Esguerra Cuando se rompe el equilibrio y la colaboración armónica entre el Gobierno y el Congreso, es posible que surjan tentaciones contrarias a la noción del Estado de Derecho. Es cuando se recurre a la rama judicial para preservarlo, con solo utilizar la figura constitucional que les permite a los jueces inaplicar una norma en un caso concreto, con efecto solo entre las partes. Es lo que se llama el control por vía de excepción, caso en el cual la norma sigue vigente, mientras se ejerce el control por vía de acción que se da cuando se demandan, ante la Corte Constitucional o el Consejo de Estado, las leyes o decretos, pues entonces quedan anuladas con efectos generales o erga omnes. Es lo apropiado para contener la eventual cascada de decretos que pudieran expedirse ante la circunstancia de una nueva actitud de los partidos luego de la ruptura de la coalición que se conformó en la pasada legislatura. Sin perder de vista que, hasta el momento, el Presidente ha reiterado su voluntad de acatar los mandatos constitucionales y legales que juró cumplir, y sin que su dialéctica de su conocido ideario, alcance a producir efectos contrarios al sistema democrático que nos rige amparado en viejas y nuevas constituciones políticas. Sus principales proyectos de reformas están cursando el trámite legislativo que corresponde. De ahí pueden salir tal como el Gobierno las presentó o con modificaciones propias del natural discernimiento de los congresistas. Eso y la posterior decisión de las cortes, respecto de la constitucionalidad del trámite y del fondo, es de obligatorio complimiento por parte del ejecutivo. Nuestras instituciones judiciales no han estado exentas de cuestionamientos, pero, a pesar de ello, se muestran firmes, como cuando sanciona a sus propios miembros; cuando abre investigación contra un buen número de congresistas; cuando anula la elección de altos servidores y funcionarios afectos al Gobierno, y cuando reitera que el Fiscal bajo ninguna circunstancia depende del ejecutivo. Solo los países con sistema constitucional originado en revoluciones armadas o culturales, estilo China, Rusia y Cuba podrían estar, eventualmente, exentos de un repentino cambio de régimen. Colombia, con una tradición democrática bicentenaria, se constituye en un claro ejemplo de pluralismo político sin tal riesgo, amparada como está por la hora de los jueces.