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Opinión

La hora de la verdad

Miguel Mercado Vergara
Miguel Mercado Vergara
Columnista
5 de enero de 2024

Las nuevas administraciones comienzan en Colombia. La ciudadanía espera resultados concretos y el buen uso de recursos para el progreso regional, especialmente en Córdoba y Montería.

Por Miguel Mercado Vergara Ya arrancaron en firme en todo el territorio nacional las nuevas administraciones. Para los departamentos y los municipios llegó la hora de la verdad. En consecuencia, arribó a su punto final el discurso promesero; comenzó su marcha incontenible el tren de las ejecuciones, de las realizaciones concretas. La gran masa, esa que integra el inmenso mundo poblacional donde la problemática económico-social en todas sus facetas crece a ritmo acelerado, no cierra sus ojos y está expectante a la espera de que las acciones oficiales que acaban de abrir las puertas inaugurales en cada una de las secciones del país, en verdad estén encaminadas a superar las complejidades que impiden a las regiones tener una vida más próspera. Lo que se reclama del gobernante es voluntad de servicio. En ese afán surge la preocupación del buen uso y destino de los dineros públicos. La inversión en las obras de desarrollo tiene que ser vigilada con lupa para impedir que las manos inescrupulosas las desvíen con fines e intereses particulares. Es de Perogrullo que cuando los caudales oficiales se utilizan adecuadamente el progreso se hace notorio y por ende aparece el beneficio colectivo. En lo regional, Córdoba y Montería, necesitan el gran empuje de sus gobernantes. La agenda de sus necesidades es tan compleja como abundante. En el Departamento apremian muchos frentes para emprender urgentes tareas. Las más sensibles y que reclaman inaplazables esfuerzos apuntan a las vías terciarias pues hay zonas impenetrables, sobre todo en períodos de lluvia, muchos lugares están huérfanos de centros de salud, de escuelas y colegios adecuados para no citar sino estos componentes fundamentales para el avance social. Y Montería ni se diga. Nuestra capital, hay que reconocerlo, ha conquistado espacios en su entorno urbano y si se hace realidad el otro puente cuya construcción se ha anunciado últimamente, el impacto progresista será innegable. Pero la tarea por emprender en sus áreas rurales reclama así mismo la puesta en marcha de un trabajo inaplazable. Muchos de sus corregimientos y veredas también están huérfanos de la atención oficial en obras como las señaladas para el ámbito departamental. El vigor de las administraciones que recién inician sus tareas no pueden ser indiferentes a todos estos enunciados pues se trata de un clamor general. Si el gobernante quiere mantener el afecto colectivo debe poner oído a todas estas preocupaciones.