
La fiesta será después

Sin voladores, sin festejos y sin falsas expectativas, hay que destacar que fuerzas vivas del Departamento de Córdoba se unan para trabajar por una región que lo pide a gritos. No se puede decir que no cumplan sus metas o sean insolidarias, pero es más difícil hacerlo en solitario. Nadie puede decir que la Unicor, el Imat, los grandes y medianos comerciantes, los gremios no tiendan la mano cuando se requiere, pero, dadas las crecientes angustias, urge la unión para hacer la fuerza. Responder en bloque agiliza resultados y los cordobeses se sienten mejor acompañados. Pero tenemos que participar todos.
A los ciudadanos hay que tenerlos en cuenta no solo en época electoral. Todos los días hay comunidades que padecen por una razón u otra. Hay localidades carentes de recursos para enfrentar angustias. Hay gente que adolece de bienestar. La respuesta tiene que ser en ese momento y no esperar a que las dificultades se extiendan y se eternicen para buscarles solución. Los tiempos cambian y hay que acomodarnos a la inmediatez. Hoy nos informamos cuando los sucesos se están dando y las imágenes llegan en directo. Esa primera fotografía tiene que movernos, aliados con las autoridades nacionales, departamentales, municipales. Un país es un cuerpo que tiene que latir con un solo corazón. El combo Colombia trae ángeles y demonios —aunque no sepamos en qué proporción cada bando— y por todos hay que trabajar. Unos para sumarlos y otros para que busquemos propósitos comunes. Un gobernante no puede dividir sus afectos entre los que votaron por él y los que prefirieron otro candidato. Quien asume un mandato tiene que responder y velar por el bienestar de todos, a pesar de la limitación de recursos, de las guerras políticas, de los malabares de la corrupción, de la indiferencia de otras instancias, de los desafectos por ser de X o Y manera. No podemos ser indiferentes al nacimiento del Fondo Córdoba Resiliente. Primero, porque se comprometen sus integrantes a trabajar unidos. Segundo, porque prometen confianza, transparencia y seguridad, tres valores que se requieren en todas las actividades, y porque no podemos desgastar nuestros esfuerzos en alimentar dudas y no certezas. Tercero, porque después de la tempestad hay que conquistar la calma. Nuestras tragedias no pueden quedar como las de otros lugares que les prometen el sol, la luna y las estrellas y terminan abandonados a su suerte y con las bases, puestas a la carrera, carcomidas por el tiempo. Cuarto, porque tenemos un gobernador y un alcalde monterianos y diligentes, capaces de integrarse con todas las fuerzas, colores políticos y administraciones para no quedarnos en el pantano. Esas etapas están superadas. Las generaciones al mando tienen que ser sensibles y ayudar a trazar un mejor destino a un departamento al que le han tirado como a violín prestado los grupos delincuenciales, subversivos y mafiosos. También por mala conducta de algunos de sus hijos. Es hora de levantar la cabeza, mirar y caminar para adelante. Cada cordobés tiene que participar sin miramientos de ninguna naturaleza.