La feria y el ruido
Montería celebra sus fiestas, pero el ruido excesivo en establecimientos nocturnos persiste. Vecinos y transeúntes sufren, mientras las autoridades implementan acciones ineficaces.
Por Rafael Negrete Quintero Montería está de fiesta y eso es motivo de alegría. Hace años que no recordaba unas fiestas tan largas. Aprovechando esta euforia, quisiera tocar un tema al que siento que no se le ha prestado suficiente atención: el control del ruido de los establecimientos públicos nocturnos. Aunque sé que esto sucede en todos los puntos de diversión de la ciudad, simplemente pasar por los más visibles para los turistas puede llegar a ser una tortura para los oídos. Hace años supe que los vecinos de La Castellana, que no estaban acostumbrados al ruido, interpusieron acciones legales contra algunos locales comerciales del Pasaje del Sol, buscando mitigar de alguna forma el exceso de ruido en las noches. Aunque la batalla legal se ganó y varios de estos locales hicieron ajustes en su interior para insonorizar sus establecimientos, la guerra se perdió y varios de esos vecinos tuvieron que migrar a otros sectores de la ciudad. El ruido en esa calle siguió más fuerte que nunca. A nadie parece importarle ya la suerte de los vecinos y los transeúntes, en esa y en otras calles de la ciudad. La rumba monteriana es excesivamente sonora y, mientras se prohíbe la venta y el uso de espumas y otros líquidos para que no se arrojen en los desfiles de la feria, que duran una semana al año, nadie hace nada por los oídos de los monterianos, que se van quedando sordos día tras día. ¿No es posible que disfrutemos la rumba de manera decente? ¿No es posible que el espacio público sea para el disfrute de todos y no para unos cuantos que se aprovechan de la falta de control? Pareciera un chiste, pero el exceso de ruido se aborda con "jornadas" de medición de la contaminación acústica y "acciones pedagógicas" por parte de la autoridad ambiental, (sí, leyó bien, pedagógicas), acompañado por "campañas" de control de ruido de la Alcaldía, cuando vivimos todo el año con el escándalo. No hay nada permanente, nada sistemático; todo usualmente es para cuando toca celebrar en agosto el "Día Nacional contra el Ruido" o cuando algún funcionario se acuerda de que, ese control, también hace parte de sus funciones. Sería bueno que aprovecháramos la feria para que la CVS, la Alcaldía, la Policía y, por supuesto, la Personería, iniciaran un plan permanente y conjunto para controlar el ruido y dar ejemplo cuando los establecimientos sienten que más se pueden aprovechar. Festejar de manera civilizada debe ser posible no solo en ferias, sino todo el año. Montería tiene que ser capital en todos los sentidos; con tanta burocracia paga no estamos para seguir portándonos como cualquier villorrio. Para eso es la autoridad, para hacer valer a todos los ciudadanos.