
La feria de las vanidades

Las rivalidades literarias y políticas, desde Shakespeare hasta Vargas Llosa y García Márquez, revelan egos y contradicciones en el mundo de la literatura y el poder, con consecuencias inesperadas.
Por Félix Manzur Jattin Siempre ha sucedido en el podium de los egos: Sir George Bernard Shaw, León Tolstoi, Voltaire, denigraban de William Shakespeare como trivial, intrascendental y flemático. La feria de las vanidades literarias es universal. La multiplicidad de los mutuos elogios también carcome el parnaso Iberoamericano. Vargas Llosa, nobel brillante y con reiterados antagonismos con García Márquez, también del nobel Argelino- Francés, Camus y su libro La Peste, que por cierto, este escritor filósofo de lo absurdo, de comunista brincó a anarquista. Al escritor peruano le aplazaron el nóbel, igual al póstumo galardonado de Borges cuando María Kodama, su viuda recibió la prodigiosa presea literaria. Borges era un derechista recalcitrante y terco. Tiempos del romanticismo europeo por la izquierda latinoamericana que luchaba, con toda razón contra las dictaduras rapaces de la derecha. La hechizante figura del Ché en camisetas, cautivó a tantos millones como hoy tiene la diáspora de parias exportados por la revoluciones fallidas que pregonaba. Cuando llegaron a gobernar algunos fueron peores que el destronado déspota derechista, pro imperialista y neoliberal, arrodillado a los Chicagos boys, consenso de Washington o Brettonwoods. Hasta nuestro nóbel cayó en la mágica órbita de la septuagenaria dictadura Fidelista Castrista. Su mano pródiga regaló 100 mil dólares en esa época a la izquierda venezolana y a su líder del MAS, movimiento al socialismo, Teodoro Petkoff. Hoy, curiosamente, Teodoro, forma parte y su movimiento desarticulado y tratado como montonera informe por la revolución Chavista. Hasta al prodigioso y humanista cura Ernesto Cardenal fue vapuleado, criticado y apartado de la dictadura del filántropo, humanista y nepotista Daniel Ortega. Criticó, combatió al destronado y asesinado Somoza de la dinastía sanguinaria y montó la suya. Su flamante esposa Rosario, como Mesalina moderna, rezandera con escapulario y mortaja es vicepresidente, maneja el estado. Su hijo timonea el ejército, otro las finanzas y el desafortunado Cardenal marchó nuevamente al lado de 400 asesinados del gobierno que ayudó a montar y lo desilusionó. El realismo mágico y la excepcional pluma de nuestro amado nobel, embrujó a la élite europea monárquica, socialista y liberal. Gabito criticaba a la caterva de dictadores latinoamericanos y mostró ante el mundo la desgracia de nuestra región.