
La excusa perfecta

Petro enfrenta desafíos con la reforma pensional. Busca controlar fondos privados y evita acuerdos, priorizando sus objetivos. El presidente podría sabotear la conciliación, abriendo paso a una constituyente.
En la Cámara de Representantes el presidente tiene las mayorías, pero la conciliación será su dolor de cabeza. Lo que el presidente Gustavo Petro hace con la reforma pensional es satisfacer un capricho que tiene dos propósitos. El primero quedarse con una buena parte de los cerca de 400 billones de pesos de los ahorradores en fondos privados. El otro es ratificar que no le interesa hacer acuerdos con nadie y si los hace los incumple, tal como lo acaba de hacer con los partidos liberal y la U, con los que firmó un pacto para dejar el umbral en 2,3 salarios mínimos. Sin embargo, ahora le propuso a la Cámara de Representantes llevarlo a cuatro, con lo que prácticamente pondría punto final a los fondos privados. Esto evidencia que a Petro no le importa construir consensos y que lo único que busca es que esta reforma se hunda, difícilmente en la Cámara, pero muy seguramente en la conciliación para tener la excusa perfecta para convocar a lo que se le ha convertido en una obsesión, la constituyente, con el populista discurso que no lo dejan gobernar. El presidente se burló de los partidos que le fueron decisivos para aprobar en Senado la reforma pensional, registro del que poco se tiene un antecedente entre Ejecutivo y Legislativo, por lo que pone en riesgo el proyecto, jugada que buscaba para ganar con cara y con sello, además de poner al Congreso entre la espada y la pared.