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Opinión

La era de la mediocridad

Félix Manzur Jattin
Félix Manzur Jattin
Columnista
3 de febrero de 2025

La mediocridad invade educación, música, arte e influencers, desplazando talento y creatividad. Superficialidad y falta de profundidad amenazan con generaciones sin criterio crítico. ¿Es posible revertir la situación?

Por Félix Manzur Jattin La era de la mediocridad: educación, música, arte e influencers sin contenido. La era actual está marcada por una mediocridad rampante que abarca diversos ámbitos de la sociedad. En la educación, la música, el arte y el fenómeno de los influencers, vemos cómo la superficialidad, el conformismo y la falta de profundidad desplazan el talento, el conocimiento y la creatividad. Este panorama preocupa, pues amenaza con perpetuar generaciones sin criterio crítico, atrapadas en un espejismo de logros vacíos. En la educación, los sistemas se han reducido a producir estadísticas antes que ciudadanos conscientes. La calidad educativa ha sido sacrificada en aras de cumplir metas cuantitativas, resultando en estudiantes que memorizan sin comprender y docentes que carecen de recursos para innovar. La mediocridad académica no solo afecta la formación individual, sino también la capacidad de las sociedades para evolucionar. La música, que históricamente ha sido un reflejo de la cultura y la identidad, se encuentra saturada de lo que se conoce como "música basura". Letras insulsas, ritmos repetitivos y un enfoque casi exclusivo en el consumo rápido han desplazado la complejidad y la autenticidad de géneros tradicionales y propuestas artísticas originales. Los éxitos virales duran semanas y desaparecen, dejando poco impacto cultural. El arte, que solía ser un espacio de cuestionamiento y transformación, también se enfrenta a un escenario desalentador. En muchos casos, las obras se limitan a satisfacer el mercado, en lugar de desafiar al espectador o proponer nuevas perspectivas. Esta banalización del arte convierte el espacio creativo en una transacción comercial más, vacía de significado. Los influencers, considerados líderes de opinión por millones, son un claro ejemplo de la mediocridad moderna. Muchos carecen de preparación, conocimiento o experiencia, pero se autoproclaman gurús de temas que apenas entienden. Su influencia se basa más en algoritmos que en contenido real, promoviendo modas vacías y valores efímeros. La era de la mediocridad también encuentra eco en otros ámbitos: políticos inexpertos en cargos cruciales, cine de fórmulas repetidas y deportes convertidos en espectáculos sin alma. Sin embargo, existe esperanza. Cuestionar, educarnos y exigir más, tanto de nosotros mismos como de quienes moldean nuestra cultura, es el primer paso para superar este momento. La excelencia, el esfuerzo y la creatividad aún tienen cabida, siempre que no dejemos que la mediocridad sea la regla.