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Opinión

La diplomacia de las redes

Rafael Hernández Mestra
Rafael Hernández Mestra
Columnista
4 de febrero de 2025

La diplomacia colombiana atraviesa una crisis por decisiones presidenciales y nombramientos polémicos. La política exterior retrocede, con la red social X desplazando a la Cancillería.

Por Rafael Hernández Mestra De todos es conocido el episodio que se dio la semana pasada con Estados Unidos, por culpa de la irresponsabilidad de un presidente que está gobernando al país a través de redes sociales. Está bien que utilice ese medio para, internamente, cazar peleas con sus contradictores y para despedir y nombrar funcionarios, pero ya para pelear e insultar al presidente más poderoso del mundo no solo es un acto irresponsable, sino de una supina ignorancia, porque algo de suma importancia y que involucra la estabilidad de millones de colombianos como lo son las relaciones internacionales de un país, necesita de sensatez y sentido de responsabilidad. Lo cierto es que la política exterior del país ha retrocedido con este gobierno en donde la red social X ha suplantado todas las funciones que eran propias de la cancillería y para colmo de mal este año empezó con la legitimación de la dictadura venezolana y el nombramiento de la señora Laura Sarabia como canciller de Colombia. La mano derecha del presidente, como se le conoce, no tiene la experiencia ni el conocimiento para ejercer el cargo diplomático más importante del país. La inexperiencia de la señora Sarabia solo la supera la del ex embajador de Colombia en México, de apellido Nico Daza. Además, la señora Sarabia se encuentra envuelta en una serie de investigaciones y escándalos que hacen su nombramiento inconveniente e irresponsable si se tiene en cuenta la nueva política y diplomacia con el gobierno de Donald Trump que ya comenzó a mostrar los dientes. Tantos bandazos e improvisación, ha dado este gobierno que, por primera vez en la historia de la Cancillería, la Procuraduría suspendió a su titular, Álvaro Leiva, por el escándalo de los pasaportes y terminó destituido e inhabilitado por 10 años. Pero el reflejo de la nueva diplomacia colombiana se ha visto en otros nombramientos como el de Armando Benedetti, primero como embajador en Venezuela y después el presidente le abrió la embajada ante la FAO, que estaba cerrada hace 25 años. Por España, Benedetti dejó escándalos de violencia intrafamiliar; abandonó la FAO después de 10 meses de pésima gestión y regresó al país para "asesorar" al presidente y, de paso, someterse a un tratamiento para superar sus adicciones. Además, el nombramiento de embajadores se ha caracterizado por la designación de personajes polémicos que no cumplen con los requisitos elementales para desempeñarse. El país, en el próximo gobierno enfrenta un desafío enorme para recuperar su credibilidad ante el mundo.