Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

La cultura DEI

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
12 de enero de 2025

La ideología "woke" y la sigla DEI, financiadas por Soros y la ONU, promueven victimismo e identitarismo. ¿Se repite la historia? Un paralelismo con la Alemania de entreguerras lo sugiere.

Por Álvaro Bustos González Bajo el paraguas de la llamada ideología woke: victimismo, paranoia hiperestésica, identitarismo, feminismo patológico, animalismo fanático, pero selectivo, y odio a la masculinidad biológica y psicoafectiva, la que se asimila indiscriminadamente a un patriarcalismo machista y burdo, con el dinero de George Soros y el patrocinio de la ONU, la UNESCO y todos los organismos inscritos en la pretensa globalización, apareció la sigla DEI: diversidad, equidad e inclusión. Para seguir con las transcripciones, y a fuer de abusar de mi admirado Stefan Zweig, copiaré textualmente un trozo de El mundo de ayer, en el que, en el periodo de entreguerras del siglo XX, el escritor describe lo que pasaba en la Alemania derrotada, sometida a una inflación estratosférica y a un desenfreno de las costumbres, a ver si es cierto que en nuestros días se ha inventado algo que ya no haya sido gozado y padecido: “Creo conocer bastante bien la historia, pero, que yo sepa, nunca se había producido una época de locura de proporciones tan enormes. Se habían alterado todos los valores, y no sólo los materiales; la gente se mofaba de los decretos del Estado, no respetaba la ética ni la moral, Berlín se convirtió en la Babel del mundo. Bares, locales de diversión y tabernas crecían como setas. Lo que habíamos visto en Austria resultó un tímido y suave preludio de aquel aquelarre, ya que los alemanes emplearon toda su vehemencia y capacidad de sistematización en la perversión. A lo largo de la Kurfürstendamm se paseaban jóvenes maquillados y con cinturas artificiales, y no todos eran profesionales; todos los bachilleres querían ganar algo, y en bares penumbrosos se veían secretarios de Estado e importantes financieros cortejando cariñosamente, sin ningún recato, a marineros borrachos. Ni la Roma de Suetonio había conocido unas orgía tales como lo fueron los bailes de travestis de Berlín, donde centenares de hombres vestidos de mujeres y de mujeres vestidas de hombres bailaban ante la mirada benévola de la policía. Con la decadencia de todos los valores, una especie de locura se apoderó precisamente de los círculos burgueses, hasta entonces firmes conservadores de su orden. Las muchachas se jactaban con orgullo de ser perversas; en cualquier escuela de Berlín se habría considerado un oprobio la sospecha de conservar la virginidad a los dieciséis años; todas querían poder explicar sus aventuras, y cuanto más exóticas mejor”. ¿Hay algo nuevo bajo el sol?