
La cosecha electoral

Tras el humo blanco en las urnas, la autora reflexiona sobre cómo los nuevos gobernantes quieren ser recordados. Inspirada en Mujica, cuestiona su legado y la gestión política.
Por Susana Viera Hoy es el "fantabuloso" día, le dirían a Alicia en el País de las Maravillas. Si acierto, (preciso que mi columna fue enviada antes del 29 de octubre), mañana habrá humo blanco para Yahir alcalde y Mario gobernador. El reconteo confirmará. Devienen los ayayay para unos y los brindis para otros. Así son las pugnas por el poder. Justas o injustas, toca a cada uno lo suyo. Solo quisiera preguntarles a los próximos gobernantes ¿cómo quieren ser recordados? La misma pregunta le fue hecha a José Mujica. Su contestación puede que sorprenda a almas corrientes y escépticas. Dijo: "ser recordado, no es algo que me interese". Una respuesta políticamente incorrecta, pero ajustada a un excepcional "buen ateo", ese que contradictoriamente se reconoce por sus extraordinarios frutos. Esta semilla uruguaya se ha sembrado en el mundo. Puede que esté tardando la cosecha de idearios políticos genuinos, altruistas y humanistas, por lo menos en estas latitudes en donde la tierra aún es fértil. Es fácil reconocer fertilidad en la tierra sucreña y la nobleza de nuestra gente. Más aún, si la recorremos por placer y no en campaña como una maratón ardua, sudorosa y costosa. Me pregunto cómo es amanecer y anochecer todos los días durante cuatro meses en municipios, corregimientos, barrios, veredas y caseríos olvidados, y espero que estas visitas no sean exclusivas del turismo electoral, incomparable con vacacionar por el viejo continente que lejos está de ofrecerles a los políticos "un tesoro de belleza sin igual" para el próximo cuatrienio. Debemos reconocer que el agotamiento es plural. Pero ¡ajá! Finalmente, llegar a la meta cuesta, y el deseo de recoger los frutos, parece dominar cualquier atisbo de cansancio. No es el fin del afán. No lo creo, como tampoco creo que nuestros gobernantes puedan responder que no les interesa ser reconocidos, partiendo de que no poseen la sabiduría octogenaria caracterizada por las narrativas finales de la vida y cero discursos preconcebidos. Estamos frente a hombres de cuatro décadas, con la febrilidad política para esperanzar a pueblos necesitados y convencidos por ensayos al estilo "fast fashion". Un término de la industria de la moda que podría traducirse en política como ofrecer ideas hermosas en las vitrinas de campaña y mala calidad durante el gobierno. Me esperanza el anhelo de reconocimiento. Quizás el querer ser el mejor alcalde y gobernador pueda conducirlos por el camino de la buena gestión pública a favor de muchos y no solo a favor propio. No olviden que toda esa gente que se movilizó en campaña está lista para recoger la cosecha electoral 2024-2027.