
La corrupción no se acaba, solo cambia de lugar

El escándalo de corrupción en la Ungrd expone la impunidad y el ciclo corrupto en Colombia. A pesar de las acusaciones, las condenas parecen lejanas, mientras la corrupción persiste.
Por José Armando Benítez Tuirán Vaya usted a saber si del escándalo de corrupción de la Unidad de Riesgo (Ungrd) saldrá alguna condena importante, que sirva para cortar de cuajo el entramado de latrocinio que allí se ha gestado durante el gobierno del cambio. Senadores, representantes, ministros y otros altos funcionarios estatales han sido acusados por el ex director de la Ungrd, Olmedo López y por el número dos, Sneyder Pinilla, pero de ahí a que estos señalamientos (más de 20) se materialicen en una condena, hay un abismo, casi que insalvable, llamado impunidad. Los condenados, no serán los responsables de desfalco, ni quienes conspiraron para inflar los proyectos, los únicos condenados serán los pueblos señalados. Pues esas obras, que se necesitan, difícilmente se realizarán en un tiempo cercano. Cotorra, uno de los municipios a través de los cuales iban a asaltar las arcas del Estado, seguramente quedará señalado en el relato, y no como una víctima, sino como un potencial peligro para una inversión estatal. Esto quiere decir que la obra que necesita ese municipio cordobés, para paliar el cíclico problema de las inundaciones invernales, probablemente no será ejecutada en este gobierno. De esta manera, se condena a un pueblo inocente a pagar con las consecuencias de las inundaciones, los delitos que cometieron unos altos funcionarios. Este escándalo, tampoco frenará las componendas entre gobierno y congreso, en alguna oficina de la capital colombiana, algún Olmedo está trazando un nuevo plan para robar y comprar lealtades tan necesarias en el nuevo período legislativo, que apenas va a dar comienzo. Aquí nada ha cambiado. Es la misma película de corrupción de siempre. El reparto de actores fue renovado bajo las banderas del amor, de la potencia mundial de la vida y otra cantidad de lemas que endulzaron el oído de los desesperados electores, ávidos, como todo el país, de un cambio en la manera de gobernar. Pero la manera de lubricar el engranaje de la maquinaria legislativa es la misma, antes la llamaban mermelada y antes cupos indicativos, ahora ve a saber con qué nombre la justificarán. Lo cierto es que el gobierno del cambio, ha continuado la dinámica de los que le han precedido, comprando lealtades en el legislativo con contratos. Le quedan dos años a este gobierno y habrá más Cotorras, pues al parecer la justicia en este país, no puede acabar con la corrupción, simplemente hace que cambie de lugar.