
La COP de Cali

La cumbre de líderes mundiales en Cali sobre cambio climático dejó una valiosa lección: proteger la naturaleza para evitar su destrucción. Urge un desarrollo sostenible y acciones concretas ante la crisis ambiental.
Por Miguel Mercado Vergara La gran enseñanza que queda de la concurrencia a la capital vallecaucana del selecto grupo de líderes mundiales que allí llegaron para tratar la problemática del medio ambiente y el cambio climático es de extraordinaria utilidad para el futuro de la humanidad. El clamor enmarcado en la idea de hacer la paz con la naturaleza para evitar la guerra contra esa misma naturaleza es un ardiente llamado para que, quienes tienen en sus manos las riendas del poder, entiendan que la tierra en toda su dimensión merece absoluta protección que es la única forma de preservar la biodiversidad. La atmósfera y la tierra son los grandes elementos que integran el inmenso espacio donde las especies cumplen el ciclo vital de manera que si esos entornos se siguen afectando con la severa ambición de la salvaje explotación del medio ambiente la destrucción se avecina a pasos agigantados. La temática de llevar a la práctica la conservación del medio ambiente no es fácil. Los intereses de toda índole que giran a su alrededor se convierten en el obstáculo más trascendente para que la aplicación real de las argumentaciones que entendidos y expositores pregonan sobre esa calamidad mundial se traduzcan en hechos cumplidos. En todo ese afán de evitar la destrucción del medio ambiente hay que aplicar con rigor lo referente al llamado desarrollo sostenible, que no es más que la búsqueda de vivir bien y mejor el presente si pretendemos un futuro mejor, o como lo ha definido la ONU es "el desarrollo que satisface las necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades". La gran esperanza es que todo ese mundo de ideas, planes, proyectos y propuestas que fueron expuestas en la COP de Cali no se conviertan en letra muerta. Que ello no sea calentura del momento sino que sirva ese foro mundial para que en las diversas latitudes surja la conciencia de evitar que las premoniciones apocalípticas pregonadas en torno a las posibilidades de naufragar si se sigue arrasando el medio ambiente no se tornen reales. Los planes a ejecutar para que no sea posible esa fatal premonición requiere de la inversión de grandes recursos económicos de manera que los Estados tienen que meterse la mano al bolsillo y pronto. Si no es así, llevaremos una vida mal vivida. Será turbia la existencia de la humanidad. [email protected]