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Opinión

La convergencia es necesaria

Miguel Mercado Vergara
Miguel Mercado Vergara
Columnista
8 de mayo de 2026

Pensar en la necesidad de la convergencia es creer que aún es posible la disputa política sin odios ni resentimientos. Colombia requiere un debate electoral centrado en ideas, programas y propuestas, no en insultos ni ofensas que agranden las brechas. Apostarle al respeto y la escucha permitirá construir una nación donde las diferencias sumen y nos lleven de la mano hacia un futuro común donde sea posible vivir civilizadamente.

Lograrlo exige un debate electoral enfocado en los grandes propósitos que tenemos como país que quiere salir adelante, mas no dejarse arrastrar por los  insultos que dividen y generan grietas y heridas irreconciliables. Hay que evitar que la puja eleccionaria se desemboque por el atajo, muy a pesar de que el impulso partidista y de banderas, per se, agitan las pasiones. No hay que perder de vista que la democracia se fortalece y se acrecienta cuando los desacuerdos y distanciamientos en el ideario político se resuelven o tramitan con argumentos. Bastante dolor le ha ocasionado a Colombia la violencia que ha tenido como germen la confrontación partidista. En el alma nacional, la sola idea de retornar a esos aciagos momentos causa repulsión. Por eso es tiempo de elevar el discurso político y asumir con responsabilidad el poder de la palabra en pos del fortalecimiento de una democracia que amplíe la convivencia con sentido de justicia y sin exclusiones. En ese orden de ideas, sea quien fuere el ganador del debate del 31 de mayo, el verdadero desafío que el país ansiosamente espera, es que el triunfador convoque  a un acuerdo conviviente que supere las diferencias, dándole sí prioridad al bien común. No se trata de hacer complacencias para satisfacer intereses personalistas o de grupos. Ese estilo, ya mandado a recoger, no puede seguir orientando la dinámica del manejo del poder porque genera exclusiones y sepulta el verdadero sentido que debe inspirar toda acción estatal, que no puede ser otra que la de adelantar acciones encaminadas únicamente a la conquista del bienestar general. La lucha no puede ser otra que la de hacer realidad la inspiración constitucional de hacer operante el Estado social de derecho; poner en acción permanente ese postulado de nuestra Carta Política es afán que no puede desatender ningún gobernante, sea cual fuere su filiación política. Es un reto insoslayable.