La casa donde nacimos
La controversia resurge: Carlos Vives revive críticas a Gabriel García Márquez con "Aracataca Espera". La canción cuestiona el vínculo del Nobel con su pueblo natal, avivando debates.
Por Rafael Negrete Quintero Llegamos a esta vida sin haberlo pedido, sin escoger familia ni lugar de nacimiento. Por canon social, estamos obligados a querer todo el paquete: abrazamos la vida, la parentela y el terruño, aunque al principio no entendamos muy bien por qué. Usualmente, el tiempo le da la razón a la sabiduría popular y uno termina queriéndolo todo, pero toda regla tiene su excepción. No todos quieren el paquete completo; algunos, incluso, no quieren ninguno de sus componentes. El asunto es que nuestro Nobel de Literatura, hoy ya fallecido, Gabriel García Márquez, fue criticado durante mucho tiempo por no haber mostrado interés en vida por el pueblo que lo vio nacer: Aracataca, un pequeño municipio en Magdalena. Esa crítica retornó este fin de semana cuando se hizo viral la interpretación musical de otro magdalenense, el samario Carlos Vives, quien, en una parranda en el Festival Vallenato, interpretó los versos de la canción "Aracataca Espera" del compositor guajiro Armando Zabaleta. Para quienes no están enterados, la canción es una crítica directa al Nobel que vale la pena repetir en apartes por la contundencia y la belleza del reclamo: "Al escritor García Márquez hay que hacerle saber bien que uno la tierra donde nace es la que debe querer y no hacer como hizo él, que su pueblo abandonó y está dejando caer la casa donde nació". Las críticas al cantante samario y al anfitrión de la parranda, Silvestre Dangond, no se hicieron esperar, muchas con tinte ideológico, por supuesto, porque está claro que Gabo simpatizó siempre con el ideario de izquierda. El retorno de los versos críticos en boca de dos cantantes famosos y rodeados de éxito se pudo haber visto como la afrenta de dos miembros del bando opositor en este país tan dividido. Para mí, no fue más que la expresión de una parranda cualquiera, donde la música y el licor son los grandes protagonistas. Una canción compuesta a mediados de los setenta que el mismo Nobel escuchó en boca de su autor no tiene porqué llevar a exasperar los ánimos y, mucho menos, a crucificar a sus nuevos intérpretes. Es parte del folclor vallenato, del ingenio de los compositores, quienes le componen y le cantan sobre todo a aquello que les suena a injusticia. Porque no hay que olvidar que la canción surge porque García Márquez decidió donar el premio Rómulo Gallegos, valorado en 100 mil dólares, al movimiento socialista de Venezuela en lugar de contribuirle en algo a su pueblo de origen. Si a los artistas hay que juzgarlos por sus obras, a uno lo juzgaremos por sus escritos y a los otros por sus canciones. Lo demás son inventos que buscan fomentar división en la casa donde todos nacimos.