
La calidad de la educación del mundo pobre y del mundo rico

La calidad educativa, clave entre naciones ricas y pobres, es el foco. Crítica a una reforma que prioriza cobertura sobre excelencia. ¿Educación para qué, sin calidad?
Por Valmiro Sobrino Oliveros Un factor que realmente marca la diferencia entre las naciones pobres y las ricas es la calidad de su educación. Veo con desesperanza que una rimbombante reforma educativa se va a proponer al Congreso. Un punto importante: la gratuidad de la educación pública; plausible. Otro: cobertura, es decir, medio millón de bachilleres más en universidades. No dice una palabra de la calidad y entonces, educación ¿para qué? ¿Para formar profesionales mediocres? La diferencia en el conocimiento científico entre países pobres y ricos es abismal porque las naciones en desarrollo no invierten suficientemente en ciencia y tecnología ni en la formación de académicos de altísimas calidades. Una vez en Managua le pregunté a un colega peruano de la Universidad de San Marcos si en Perú esa universidad lideraba en su país proyectos de desarrollo de su nación y la respuesta fue No. Igual que en las demás universidades de América Latina, los gobiernos no saben cuánto cuesta esto en términos de subdesarrollo. Las tres universidades pioneras de América Latina: la de Buenos Aires (la UBA); la Autónoma de México (Unam) y la Universidad de Sao Paulo en Brasil, las cuales tienen en conjunto casi medio millón de estudiantes no han producido todavía un premio nobel en ciencias físicas, matemáticas o medicina y en el ranking mundial apenas si se sitúan dentro de los 300 mejores puestos. El Instituto Tecnológico de Massachusetts que no tiene más de once mil estudiantes entre pregrado y postgrado ha producido entre los miembros de su claustro noventa y dos premios nobeles y en el ranking académico es considerada entre las tres primeras del mundo. La diferencia en el conocimiento científico entre países pobres y ricos es abismal porque las naciones en desarrollo no invierten suficientemente en ciencia y tecnología ni en la formación de académicos de altísimas calidades. Entre sus alumnos se cuentan los astronautas que llegaron a la luna, el matemático creador de la cibernética, los astronautas del proyecto Apolo y todos los científicos de la Nasa que hoy trabajan el proyecto del Motor de propulsión de plasma para citar unos cuantos casos. Esa es la diferencia entre las universidades del mundo pobre y del mundo rico. La educación en Latinoamérica necesita un revolcón profundo. Debe además ser una política de Estado. Mientras no se defina para qué tipo de sociedad se debe diseñar el programa educativo de nuestras naciones, se estarán gastando recursos multimillonarios en una educación que no le sirve al desarrollo de nuestros países.