
La angustia ciudadana

La delincuencia azota a Colombia, afectando a ciudadanos de urbes y poblados. Robos, ataques y la falta de inversión social complican la seguridad, pese al esfuerzo de la fuerza pública.
Por Miguel Mercado Vergara Si algo afecta al grueso de la ciudadanía, llámese la de los grandes centros urbanos o la de los cercanos y remotos poblados que integran el inmenso territorio nacional, es vivir sometidos al imperio de la delincuencia. Hoy las comunidades más lejanas de lo que se ha dado en llamar la Colombia profunda desenvuelve su cotidianidad en medio de los sobresaltos de los ataques de grupos y subgrupos que aparecen por doquier ejerciendo a la brava su dominio con aprovechamiento del absoluto estado de indefensión de sus habitantes resignados a su propia suerte. Y qué decir de las ciudades. Grandes, pequeñas e intermedias sufren el flagelo con igual o mayor intensidad. No hay día que pase sin que los atracos a entidades, entre estas las bancarias como aconteció hace poco aquí en Montería y sitios de concurrencia, se sucedan a plena luz del día. La situación es demasiado sensible y por ello su tratamiento amerita el mayor cuidado y ponderación pues toda esa gama de acciones punitivas lleva envuelta una compleja problemática que siempre, para su represión, ha contado con la participación activa de la fuerza pública y de los estamentos de control de la delincuencia pero que así mismo requiere la cuantiosa y urgente inversión social que logre dar en el punto neurálgico para superar los grandes desequilibrios que impiden el desarrollo armónico y sostenible de las comunidades que duramente sobreviven relegadas de los beneficios estatales. Sabemos que no es ninguna novedad decir que si no se invierte de manera transparente en educación, vías, adecuados hospitales o centros de salud, como se les quiera llamar, alcantarillado, cuidado del medio ambiente, etc, la prosperidad social no seguirá siendo sino emblema de discursos politiqueros para los tiempos de campañas electorales o lo que es lo mismo, música de disco rayado. Nuestra fuerza pública, encarnada en el ejército y la policía, cumplen invaluable tarea en la lucha contra la delincuencia en todas sus manifestaciones contando, reiteramos, con la fiscalía, magistrados y jueces para enfrentarla. Pero la efectiva inversión social que se referencia no puede echarse a un lado si en verdad se quiere construir un sólido tejido social. Más cuando hoy se insiste en la paz que acarrea el retorno de ciudadanos que si no encuentran espacio integrarán combos que harán más compleja nuestra cotidiana realidad y, así, la angustia ciudadana aumentará.