
Juventud y política

La sabiduría bíblica advierte sobre los jóvenes en el poder. Eclesiastés reflexiona sobre la vanidad de la fama y la importancia de la experiencia, especialmente en las próximas elecciones regionales.
Por Carlos Rodríguez Santos Adviértase primero, que la Biblia nos enseña en Eclesiastés 4: "(…) 13. Mejor es un joven pobre y sabio que un rey viejo y necio, que ya no sabe recibir consejos. 14. Porque ha salido de la cárcel para reinar, aunque nació pobre en su reino. 15. He visto a todos los vivientes bajo el sol apresurarse a ir junto al joven sucesor que lo reemplaza. 16. No tenía fin la multitud de todos los que lo seguían y ni aun los que vendrán después estarán contentos con él, pues, también esto es vanidad y correr tras el viento". El mal ejemplo en nuestra política es desastroso, terminando haciendo el joven un daño irreparable a nuestra democracia hasta que adquiera independencia de carácter. Como sabemos, Eclesiastés es un libro bíblico en el que un hombre a partir de su experiencia personal va exponiendo reflexiones y, precisamente, en los versículos 13 al 16 advierte acerca de la sabiduría en cuanto a gobernar se trata, que ante nada es preferible un joven pobre y sabio que un rey viejo y necio y se refiere cuando asciende al trono, por convertirse el rey en un hombre necio en su propio reino y tan grande es la popularidad que se convierte en el ídolo del momento, pero incluso esta popularidad es, a su vez, soberbia y perder el tiempo. A propósito de las próximas elecciones regionales, literalmente no es ese el fenómeno social de los gobiernos territoriales, pero nos alecciona saludablemente en cuanto al valor real de la "mera fama terrenal", ya que la realidad política en Colombia de generación en generación ha consistido en un sistema corrupto de negociación del voto para arrogarse de la cosa pública; de modo, que no es prudente que el joven aspire electoralmente a los gobiernos regionales, visto que el joven no cuenta con la experiencia por ser nuevo, sino solo con la docilidad para adquirirla y, generalmente, se encuentra en estado mental incapaz de no aprender de los demás incluyendo tanto el proceso mental cognitivo (percepción, creencia, sensación, percepción, atención y memoria) como el proceso motivador (deseo, intención, emoción) y, reitérese, el mal ejemplo en nuestra política es desastroso, terminando haciendo el joven un daño irreparable a nuestra democracia hasta que adquiera independencia de carácter, si es que logra la "conversión". Se las dejo allí.