
Justicia viral: ¿A quién beneficia exponer la intimidad?

Las redes sociales transforman la justicia en un espectáculo público. El juicio social, con exposición de detalles delicados, daña a las partes involucradas, especialmente a menores, distorsionando el proceso legal y la resolución justa.
Por Glenda K. Fuentes En un mundo cada vez más interconectado, las redes sociales han transformado nuestra manera de comunicarnos, pero también han alterado profundamente la forma en que se ejerce la justicia. Hoy, lo que antes se gestionaba dentro de las instituciones y bajo los principios de un debido proceso, se ha convertido en un espectáculo público, un show donde los espectadores no solo tienen acceso a los detalles más íntimos de las vidas de las personas, sino que se sienten con derecho a comentar, reír y aplaudir el desenlace de situaciones que, en muchos casos, son delicadas y no han sido totalmente esclarecidas. Pedir que las instituciones actúen, que se haga justicia y que se respeten los derechos es legítimo. Sin embargo, cuando la divulgación busca un juicio social, el verdadero propósito se pierde. Cuando la exposición intencional de hechos que involucran niños, niñas y/o adolescentes se hace, no solo los lastima, sino que además los convierte en sujetos aún más vulnerables ante su entorno, además que se les obliga a formar parte de un conflicto que, en la mayoría de los casos, ni entienden ni desean ser parte de. Las diferencias, en todos los casos, siempre deben buscar los escenarios correctos: el diálogo, las instituciones competentes, los juzgados y los mecanismos legales establecidos. La justicia no debe ser un espectáculo, sino un proceso estructurado en el que se respete el derecho a la privacidad, la equidad y la imparcialidad. Exponer públicamente un conflicto antes de que sea resuelto adecuadamente solo genera más confusión, resentimiento y daño a las partes involucradas. Esta tendencia de "hacer justicia viral" en las redes sociales tiene implicaciones mucho más profundas de las que imaginamos. Al exponerse como un acto de venganza, los detalles del propio proceso judicial pueden quedar desvirtuados. La salud emocional de las partes involucradas y el contexto familiar se ven afectados, y lo que podría haber sido una resolución justa y equilibrada se convierte en un espectáculo de opiniones polarizadas y juicios públicos. Los conflictos, en todos los casos, deberían ser gestionados ante los espacios competentes, con base en el debido proceso y el respeto a los derechos de todas las partes, especialmente de los menores. Ahora bien, si existen factores externos o corruptos que obstaculizan obtenerla, las redes sociales pueden ser un espacio para pedir apoyo, más no para hacer un juicio paralelo. La Justicia no debe depender de la validación de una audiencia impaciente que, casi siempre ignora el contexto completo y lo que desea es ser el espectador de un "espectáculo" que, mientras para muchos es entretenimiento, para las partes involucradas es un escenario doloroso que agrava aún más el conflicto. Los "likes" no son condenas, ni los comentarios una indemnización; son solo reacciones de aprobación que ni sanan ni reparan.