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Opinión

¿Justicia o burla nacional? no más impunidad

Silverio José Herrera Caraballo.
Silverio José Herrera Caraballo.
Columnista
27 de mayo de 2025

El asesinato de un ganadero y dos colaboradores enciende la indignación en Colombia. A pesar de las confesiones, los asesinos podrían quedar libres, cuestionando la justicia y la impunidad.

Por Silverio José Herrera C. Han pasado ocho meses desde que la sociedad sucreña y cordobesa fue estremecida por un crimen atroz, cobarde y traicionero: el asesinato del ganadero sincelejano Esteban Urueta González y de sus fieles colaboradores Fredy Beleño Acosta y Gerardo Marzola Coronado por parte de Cristian Petro Almanza y Juan Fernando Soto Garcés. Tres vidas truncadas por la ambición, la deslealtad y la criminalidad de quienes, en lugar de honrar la confianza depositada en ellos, eligieron la traición como moneda de cambio. Hoy, Colombia asiste, con indignación y desconcierto, al espectáculo más humillante para un país que dice respetar la ley: los confesos asesinos están a punto de quedar en libertad. Los hechos no admiten interpretación alguna: los criminales confesaron su delito, señalaron el lugar donde enterraron los cuerpos, y ofrecieron una narración detallada de cómo planearon y ejecutaron el asesinato de su patrón y de los dos trabajadores. ¿Qué más necesita la justicia para actuar con contundencia? ¿Por qué razones técnicas y formales (cuyas implicaciones son incomprensibles para la ciudadanía común) deben estos asesinos recibir el beneficio de la libertad? Aquí no hay espacio para los rodeos legales ni para el exceso de garantías mal entendidas. Lo que hay es una revictimización sistemática de las familias, una burla al dolor del pueblo y una bofetada a la confianza en el Estado. Es inadmisible que la Fiscalía General de la Nación permita que tecnicismos jurídicos superen el valor de la verdad confesada. Si el ente acusador no acusa con firmeza, si los fiscales actúan con negligencia o falta de preparación, entonces no estamos ante una justicia garantista: estamos ante un sistema que protege al verdugo y abandona a la víctima. Colombia está cansada. Cansada de ver cómo se premia al delincuente y se castiga al ciudadano de bien. Cómo se libera al asesino y se persigue al honesto. ¿Qué mensaje se le está enviando a la sociedad? ¿Que vale más la trampa que el esfuerzo? ¿Que el crimen paga si se sabe aprovechar de las fallas procesales? El caso Urueta no es solo una tragedia local. Es un síntoma nacional. Es el reflejo de un sistema judicial que está profundamente enfermo. Que ha olvidado que su misión es proteger a los inocentes, sancionar a los culpables y restaurar la fe pública. Porque cuando la justicia falla, se abre la puerta a la ley del más fuerte, del que miente mejor, del que puede pagar abogados expertos en la trampa y no en la verdad. Desde Sincelejo, desde Córdoba, desde cada rincón donde la noticia aún duele, alzamos la voz por justicia para Esteban Urueta González, Fredy Beleño Acosta y Gerardo Marzola Coronado, por su viuda Angélica Sáenz, sus hijos, familiares y amigos, por los cientos de colombianos honestos que cada día trabajan por un país mejor nos unimos en este clamor. Le exigimos a la Fiscalía General de la Nación que cumpla con su deber. Que actúe con el rigor que exige este crimen. Que no permita que la justicia colombiana se convierta en una caricatura donde el asesino ríe y la víctima es olvidada. Colombia necesita recuperar la confianza. Y la única forma de hacerlo es actuando con dignidad, con contundencia y con justicia real. Este caso no puede ser otro expediente más archivado. Es una prueba de fuego para el sistema judicial. Una oportunidad para demostrar que la vida vale, que la verdad cuenta y que el crimen no puede ser premiado con la impunidad. TE DESTACAMOS "Aceptar la injusticia no es una virtud, sino todo lo contrario". Cleóbulo de Lindos.