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Opinión

Justicia injusta

José Armando Benítez Tuirán
José Armando Benítez Tuirán
Columnista
19 de septiembre de 2024

Un ganadero y dos empleados fueron secuestrados, asesinados e incinerados en Colombia. Pese a la confesión de los asesinos, la justicia los liberó, generando indignación y dudas sobre la impunidad.

Por José Armando Benítez Tuirán Un ganadero y dos de sus empleados son retenidos contra su voluntad, secuestrados, asesinados, incinerados y después enterrados. Los asesinos son capturados. Aceptan las acusaciones respectivas, confiesan su cruel crimen, conducen a las autoridades hasta el sitio donde yacen sin vidas las tres personas a las que vilmente asesinaron. Según testimonio de un familiar de una de las víctimas, la injusta justicia de este país, como si de una burla se tratara, les deja en libertad y entonces cuando ya han tenido la oportunidad descabullirse, de huir cobardemente para evitar pagar cárcel por el mal causado, les dicta medida de aseguramiento. Todos sabían que iba a suceder, pero no hicieron nada para evitarlo. Hágame el bendito favor. Ya no solo debemos preocuparnos porque la inseguridad se esté tomando el territorio mientras el gobierno parece mirar para otro lado, sino que además deberemos estar atentos a que las capturas que se hagan no sean en vano, dada la facilidad con que los delincuentes recuperan la libertad, permitiéndoles huir. Vergüenza producen estas acciones que desacreditan este sistema penal que da la impresión de favorecer la impunidad. Situaciones absurdas como la que nos ocupa siembran un manto de duda sobre la imparcialidad y la efectividad de la justicia colombiana. Hacen que el ciudadano de a pie pierda la confianza en las instituciones estatales que deben encargarse de impartir justicia, pero también de aquellas en las que recae la responsabilidad de asegurar, capturar y poner a la disposición de los jueces a los presuntos criminales. Ya de por sí es doloroso para las familias de Esteban Urueta, Gerardo Marzola y Fredys Beleño, tener que pasar el doloroso trago de ver a sus queridos asesinados e incinerados, como para que además tengan que soportar ver cómo los asesinos salen a la calle como si nada, como si las vidas que coartaron no merecieran ser redimidas con una condena ejemplar. Son situaciones absurdas como la que tiene hoy en libertad a unos asesinos confesos las que empujan al pueblo a desconfiar de la institucionalidad. ¿Cómo vamos a creer en la justicia si va dejando libres a asesinos confesos? Qué gran peligro que las instituciones del Estado luzcan tan inoperantes. ¿Y los asesinos de los tres coterráneos? Muy bien, gracias.