
Jesús eucaristía

En la Última Cena, Jesús instituyó la Eucaristía, ofreciendo su cuerpo y sangre. Este sacramento, presente en cada Misa, permite la conexión divina y la sanación, a pesar de la falta de fe en algunos.
Por Selma Samur de H. Durante la última cena, Jesús se nos ofreció milagrosamente al darnos y dejarnos a perpetuidad su cuerpo, su sangre, su alma y toda su divinidad, de una manera palpable por los sentidos físicos y por supuesto, también los espirituales. Para Jesús, esta primera parte de la noche del jueves santo, fue de una trascendencia eterna porque pondría al alcance de sus apóstoles el privilegio de transustanciar, por medio de sus manos ya consagradas, el vino y el pan para que pasaran a ser sangre y cuerpo de Cristo, que es el alimento perfecto capaz de sanar, liberar y sustentar a quienes, en gracia santificante, lo consumieran desde esa misma noche y hasta el fin de los tiempos. Después de instituir el sacramento de la Eucaristía, Jesús salió al huerto de los Olivos junto con tres de sus recién establecidos sacerdotes. Él sabía que, en ese lugar, era donde tenía el encuentro con el traidor y sus captores. Él conocía todo lo que debería padecer en esas horas finales de su vida terrenal y estaba más que dispuesto a sufrirlo porque lo había aceptado como la voluntad de Dios que es incuestionable. La muerte de Jesús no implicó que dejaríamos de contar con su presencia. No fue una despedida para siempre, solo se trató de un breve tiempo en el que se sintió su ausencia. Además, por medio de su resurrección nos ratificó la enseñanza divina sobre la vida eterna, y con el regalo de su presencia real en la hostia y el vino consagrados nos garantizó la bendición de poder contar con Él realmente vivo, presente como remedio a nuestros males y pesares. En cada Misa, el sacerdote tiene la autoridad de Dios, trasmitida por sucesión apostólica, para traernos ese regalo invaluable del cuerpo y la sangre de Jesucristo, para que al recibirlo sea Él, haciéndose uno con Nosotros. En cada Parroquia se tiene un sagrario en el cual se encuentra Jesús, eucaristía, en espera de que sus discípulos vayan a visitarlo y de que se programen horarios especiales para hacer adoración al Santísimo, que exponen en una custodia desde donde irradia toda su majestad para quienes deciden darse la oportunidad de recibir sus bendiciones. Lastimosamente, es tanta la incredulidad, la falta de fe y la poca devoción, que son muchos más los que se pierden de estos momentos celestiales que provienen de acompañar a Jesús Eucaristía, que aquellos que los gozan conscientes de que es Dios mismo actuando con todo su amor, poder y misericordia.