
Iván Cepeda: El fin del mito de la mansa paloma

Tenía la firme intención de pasar la página. Con la elección de Abelardo de la Espriella como nuevo presidente, me había prometido mirar hacia adelante y concentrarme en el futuro del país.
Sin embargo, ante los hechos descubiertos esta semana, guardar silencio resultó imposible. A estas alturas, fingir sorpresa está de más. Lo revelado por el periodista Ricardo Calderón no es un hecho aislado, sino la confirmación de una realidad innegable: este Gobierno terminó cogobernando con las mafias narcoterroristas. Lo sostuve desde el primer día: ellos fueron los grandes ganadores de los comicios de hace cuatro años. Sabían perfectamente que les esperaban tiempos de gracia para fortalecerse, expandir su control territorial y despejar el camino para inundar el país de cultivos de coca. Las consecuencias están a la vista, con cifras devastadoras: los cultivos de coca alcanzaron el récord histórico de 261.000 hectáreas, mientras la Fuerza Pública sufrió un recorte de 800.000 millones de pesos que dejó flotas de helicópteros en tierra. Bajo esta complacencia, las masacres se dispararon un 61 %, los secuestros un 133 %, el reclutamiento forzado de niños un 300 % y la extorsión asfixió al comercio. En este desolador panorama hay un personaje que la historia no puede pasar por alto. El verdadero cerebro de la mal llamada "Paz Total" —que, en la práctica, terminó convirtiéndose en impunidad absoluta— tiene nombre y apellido: Iván Cepeda. A este senador poco le importaron las advertencias de expertos internacionales sobre las nefastas consecuencias que sus tesis traerían para Colombia. Ignoró las alarmas y persuadió a Gustavo Petro de dar ese salto al vacío. Los colombianos no podemos sufrir de amnesia colectiva. Fue él mismo quien llevó al Gobierno a Danilo Rueda, una figura oscura que operó como el verdadero ideólogo —junto al hermano del presidente, Juan Fernando Petro— del siniestro Pacto de La Picota. A pesar de semejantes antecedentes, Cepeda maniobró hasta imponerlo en el poder. Vale la pena refrescar la memoria con lo revelado por el periodista Santiago Ángel: en una presunta correspondencia del Clan del Golfo, del año 2016, ya se referían a Rueda como un "activista del Eln". Curiosamente, hoy Cepeda funge como el negociador estrella del Ejecutivo con ese mismo grupo criminal. Las piezas del rompecabezas encajan por sí solas. Y es que este comportamiento no es nuevo. No olvidemos que el nombre de Iván Cepeda ya figuraba en los computadores del abatido jefe guerrillero Raúl Reyes, una prueba de la que se salvó en los tribunales a punta de leguleyadas. Tampoco es posible borrar su férrea defensa del alias "Jesús Santrich". Los trinos de respaldo, la presión para sacarlo de la cárcel y la posterior fuga de un criminal que seguía traficando cocaína mientras posaba de pacifista son hechos, no opiniones. Son demasiados antecedentes para seguir creyendo que Iván Cepeda es la mansa paloma que pretenden vendernos. Ese tono pausado, casi clerical y conciliador no es más que una máscara para ejecutar con frialdad su agenda política.