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Opinión

Invertir en educación transforma vidas

Joyce Nessin
Joyce Nessin
Columnista
19 de septiembre de 2025

Apostar por la de educación es apostar por la equidad, la reducción de pobreza y la creación de oportunidades. La educación es, sin duda, la base sobre la que se levanta el progreso de cualquier sociedad.

De acuerdo con el Informe Nacional de Competitividad 2024-2025, actualmente solo 4 de cada 10 jóvenes colombianos acceden a la educación superior, y muchos de los que ingresan no logran terminar sus estudios por razones económicas o falta de acompañamiento, situación que es aún más desafiante en regiones rurales. Precisamente allí, es donde se necesitan acciones sostenidas que cambien realidades. Hace diez años en Cerro Matoso y de la mano de las comunidades vecinas nos hicimos una pregunta que cambió nuestra manera de actuar: ¿qué pasaría si apostáramos por la educación de jóvenes rurales como motor de transformación en el sur de Córdoba? La respuesta está en las historias de cientos de jóvenes y sus familias que hoy nos inspiran. Así, desde 2014 más de 300 jóvenes, indígenas, afro y campesinos, han accedido a programas universitarios, tecnológicos y técnicos y más de 100 ya se han graduado gracias al Programa de Becas de Educación Superior de Cerro Matoso. Solo en 2024 entregamos 44 nuevas becas y acompañamos a 12 nuevos profesionales en su paso hacia el futuro, además de brindar 30 auxilios educativos que ayudan a muchos a no quedarse a mitad de camino. Más allá de las cifras, lo que realmente impulsa y motiva son las vidas que se transforman, las trayectorias que se construyen con esfuerzo y las oportunidades que se multiplican cuando el acceso a la educación se convierte en una realidad compartida. Kir Kenat Aguilar, una joven del municipio de Puerto Libertador, con el apoyo de Cerro Matoso, se convirtió en la primera de su familia en llegar a la universidad y por eso su historia no solo emociona, sino que nos recuerda cómo abrir una puerta educativa es abrir muchas más—al empleo, al liderazgo, a la dignidad. Ella, como muchos otros de nuestros becarios, no solo estudia: participa, crece, transforma su entorno y motiva a muchos como ella a seguir adelante, a tomar caminos que aporte a construir una mejor Colombia. Casos como este nos han enseñado que no basta con ofrecer becas, pues lo verdaderamente transformador es brindar un acompañamiento integral. Por eso, el equipo de educación de la Fundación Cerro Matoso tiene un compromiso con cada becado que va mucho más allá del apoyo económico; es un acompañamiento integral que fortalece el crecimiento académico, personal y profesional de cada estudiante. Así, hemos logrado mantener una tasa de deserción en el programa de 4%, muy por debajo de los datos que presenta el Ministerio de Educación, que muestra la tasa de deserción promedio cohorte acumulada en 24,15% para el nivel universitario y en 32,49% y 34,66% para los niveles tecnológico y técnico profesional, indicando que uno de cada tres estudiantes que ingresan al sistema, no culminan sus estudios. Este impulso por avanzar con sentido nos ha llevado a acompañar a los jóvenes en su formación, a escuchar a las comunidades y a seguir construyendo con ellas, con base en la confianza, un camino donde se transforman vidas. Esta no es solo una inversión social; es una convicción empresarial, pues el desarrollo de un territorio no se logra solo con infraestructura, se construye con conocimiento. La verdadera licencia social no se gana con discursos, sino con hechos. Invertir en la educación es sembrar dignidad, empoderamiento, liderazgo y futuro. Y esa es, sin duda, una de las decisiones más importantes que hemos tomado como compañía.