
Intervenciones sociales

Los precandidatos a la Alcaldía de Montería evaden propuestas concretas. Urge un debate sobre intervenciones urbanísticas en barrios vulnerables, inspirándose en ejemplos de transformación social y diseño de espacios públicos.
Rafael Negrete Quintero Poco o nada han dicho los precandidatos a la Alcaldía de Montería sobre sus propuestas para la ciudad. Habrá quiénes señalen que aún está temprano para las elecciones que son dentro de poco más de 6 meses, pero si queremos un debate profundo es hora de que comiencen a soltar propuestas reales y dejen tanta palabrería vacía. No querrán quemarse, digo yo, teniendo en cuenta que hay movimientos políticos que aún no deciden sus candidatos finales porque me resisto a creer que su motivación para no mencionar propuestas serias y aterrizadas no sea otra que la falta de ellas. En todo caso un tema de hondo calado que deberían tratar en el debate que se avecina es el de las intervenciones sociales en materia urbanística. Hay una inmensa cantidad de gente que habita los barrios subnormales de la ciudad y son ellos quienes requieren que el estado sea el propulsor de una mejora en su calidad de vida a través de esfuerzos de planificación, diseño y construcción de espacios públicos que vayan más allá de lo tradicional. Hay una fijación en la capital con el parque vecino, como si el mundo del espacio público terminara allí. A los privados que construyen edificaciones se les puede invitar a pensar otro tipo de escenarios como parte de su compensación, sobre todo, en los barrios periféricos. Algo que ayude a estas personas a encontrar su sustento diario y su realización cerca de sus lugares de residencia. Los candidatos deberían ir a la comuna 13 de Medellín a ver lo que hicieron unas escaleras eléctricas, un viaducto peatonal y un proyecto de arte urbano con una comunidad deprimida y golpeada por la violencia. El espíritu de la gente es otro al igual que sus formas de sustento, todas diversas. Se invirtió la pirámide y no es hoy la ilegalidad quién emplea a la mayoría de los habitantes de la comuna, que no da abasto con la cantidad de turistas que van a conocer su transformación. Hay, por supuesto, vendedores ambulantes de todo tipo de productos, pero también artistas y músicos de diversos géneros. Negocios grandes y pequeños cohabitan con viviendas deprimidas, motos y motocarros de carga en una especie de orden dentro en medio del caos. Lo que allí sucede es una muestra de que es posible tender la mano del estado hacia comunidades que han tenido poco sin invertir enormes presupuestos en subsidios que les dan el pescado, pero no les enseñan a pescar. Una muestra de que es posible intervenir el espacio público más allá del parque vecinal. Atreverse a pensar por fuera de la caja. Ahí está el primer tema sobre el cual debatir, demostremos que estamos a la altura de las necesidades de nuestra población.