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Opinión

Interpretamos erradamente el bienestar

Olga Lucia Bustamante Madrid
Olga Lucia Bustamante Madrid
Columnista
20 de enero de 2024

El bienestar colectivo se ve obstaculizado por egoísmos, burocracia e intereses mezquinos. La falta de armonía y la corrupción impiden soluciones simples, perpetuando problemas sociales.

Por Olga Bustamante Madrid Todos dependemos de todos en la búsqueda del bienestar. El camino correcto existe, para llevar a cabo cualquier proceso, pero las interferencias, algunas veces fruto de la ignorancia, del egoísmo, de los intereses mezquinos, de la burocracia y los sistemas amañados, llevan al límite cualquier procedimiento que pudiera ser fácil y corto, convirtiéndolo en procesiones onerosas y costosas, de requisitos y manejos innecesarios y acomodados. Cuando interviene el pensamiento de manera rapaz y deshonesta, maltratamos e impedimos la armonía natural. Nos encontramos en la calle pequeños baches, que podrían solucionarse con buena voluntad y poco dinero, pero el desorden personal e institucional, impide correctivos a corto plazo, lo que termina siendo un cráter de tamaño descomunal que cuesta tanto como hacer la calle nueva. El ahorro en gastos ociosos, dejaría excedentes para invertir en bienestar de las comunidades. De esta manera lamentablemente funciona el sector salud, educación, medio ambiente, jurídico, etc. No se tienen en cuenta: 'lo importante, la prevención, el bienestar integral general', solo los intereses individuales. No en vano la sociedad no sale de los problemas. Son círculos viciosos que se suceden una y otra vez, por meses, años, décadas, siglos. Los seres humanos hemos convertido la vida y sus maravillas, en una película de terror, inventada y articulada meticulosamente. De poco o nada, vale obtener conocimientos, educación, salud y orden, propios, si está el dominio de la ley de los más fuertes, basado en el poder económico. La ciencia y la investigación son campos que nacieron para dar soluciones a los desórdenes y falencias sociales, psicológicas, económicas, de salud,… increíblemente están sujetas a las decisiones de magnates de las componendas, que muchas veces no saben ni leer ni escribir, ni pensar en plural, pero poseen poder y plata. Interpretamos de manera equivocada el bienestar. Lo confundimos con tener, poder hacer, someter a otros, sin máximos y mínimos, es decir, sin normas que direccionen y eviten los excesos o escasez, los abusos o la indiferencia. Cuando la verdad es que pertenecemos a un universo en perfecto equilibrio, basado en el respeto a leyes inamovibles e inalterables, que cuando son pisoteadas o inadvertidas, estas, sin necesitar permiso de nadie, regresan a su punto de equilibrio ante la impotencia humana. La naturaleza tiene su orden establecido, sus procesos intrínsecos autónomos y óptimos, que son desequilibrados por la intervención altiva de las criaturas humanas pensantes. Cuando interviene el pensamiento de manera rapaz y deshonesta, maltratamos e impedimos la armonía natural.