
Interoperabilidad en salud: cuando los sistemas se entienden, los pacientes ganan.

Nada es más frustrante para un paciente que repetir la misma historia clínica en cada consulta, volver a pasar por laboratorios ya hechos o esperar porque “el sistema está caído”.
Nada es más frustrante para un paciente que repetir la misma historia clínica en cada consulta, volver a pasar por laboratorios ya hechos o esperar porque “el sistema está caído”. Lo que en el día a día se siente como trámites o demoras, en el fondo tiene un nombre técnico: falta de interoperabilidad. La interoperabilidad no es más que la capacidad de distintos sistemas para “hablar el mismo idioma” y compartir información de manera clara y segura. Así como podemos enviar mensajes de texto, fotos o audios de un celular a otro sin importar la marca o el sistema operativo, necesitamos que la información clínica pueda moverse entre hospitales, laboratorios, aseguradoras y médicos, siempre en beneficio del paciente. En Bogotá, el 4 y 5 de septiembre, se realizó el 1er HL7 FHIR CAMP y la HL7 Conference 2025, un encuentro nacional y latinoamericano que reunió expertos, médicos, ingenieros, instituciones y empresas alrededor de este reto. Se habló de estándares internacionales como HL7 FHIR, de cómo aplicarlos en Colombia y de experiencias de hospitales, EPS, aseguradoras y entidades públicas que ya los están probando. ¿Qué se busca gestionar con estos encuentros en términos prácticos? Que, si un paciente se atiende en una clínica de Montería y semanas después en un hospital de Medellín, la información debería estar disponible para su médico de inmediato: alergias, medicamentos, resultados de laboratorio, antecedentes. Todo al alcance, sin depender de papeles en carpetas ni de la memoria del paciente. La agenda del evento fue clara: desde los talleres de fundamentos técnicos hasta conferencias sobre gestión del cambio, proyectos de éxito y retos del sistema, el mensaje fue el mismo: no hay salud digital sin interoperabilidad. Se habló de cómo los datos abiertos pueden optimizar decisiones, cómo la inteligencia artificial necesita información estandarizada para ser útil, y cómo evitar los “efectos dominó” de sistemas aislados que retrasan la atención y generan sobrecostos. La interoperabilidad no solo ahorra tiempo y recursos. Es un asunto de seguridad. Un sistema que comparte de manera automática la alergia a un medicamento puede evitar una complicación grave. Un servicio de urgencias que recibe al instante la historia clínica de un paciente con enfermedad crónica puede actuar más rápido y mejor. Por eso, más allá de lo técnico, este tema nos toca a todos. Colombia ya dio pasos importantes con la regulación de la historia clínica electrónica y con guías nacionales que adoptan estándares internacionales, pero falta avanzar en su implementación real en hospitales y clínicas. La salud no puede seguir atrapada en “islas” de información. Si los bancos, las aerolíneas o las plataformas de transporte ya lograron conectarse para hacernos la vida más fácil, ¿por qué no exigir lo mismo para algo tan vital como nuestra historia clínica? La interoperabilidad es, en últimas, la traducción digital de un principio básico de la medicina: que la información correcta llegue al lugar correcto en el momento correcto.