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Opinión

Insultar, verbo agresivo

Marta Sáenz Correa
Marta Sáenz Correa
Columnista
6 de enero de 2025

El insulto, definido por la RAE, es una ofensa. Explora sus causas: inseguridad, enojo y manipulación. Aprende a defenderte ignorando, restando valor y manteniendo la calma.

Por Marta Sáenz Correa La Real Academia Española nos indica que insultar significa ofender a alguien provocándolo e irritándolo con palabras o acciones. No existe el insulto cariñoso, sin intención de dañar ni para que el otro aprenda. La falta de respeto, la autoexigencia desmedida hacia el otro, la rigidez de que las cosas son correctas únicamente como las veo yo, la falta de empatía, la inseguridad para manejar la situación que nos empieza a incomodar, la manipulación desde el temor para que el otro haga o sienta o piense como nosotros, facilita que el hábito de insultar se vaya instaurando en nuestra forma de entender las situaciones cotidianas y el insulto empieza a ser una herramienta que utilizamos con la intención de debilitar la autoestima de los demás. El insulto, la mayor parte de las veces, lo desencadena el enojo que se tiene con alguien que nos hizo algo malo, o cuando algo que no salió como se esperaba y entonces de manera casi espontánea la persona necesita expresarlo dando un insulto. Es decir, en este caso el insulto actúa como una especie de mecanismo liberador del enojo que ayuda a descargarlo. Los insultos cultivan los sentimientos que se relacionan con pensamientos de insuficiencia, menosprecio o baja autoestima. Después de todo, cada quien escucha lo que su mente quiere y puede percibir. El insulto, a pesar de que va dirigido a otro, realmente habla más de la persona que comete el acto de insultar y no tanto de la persona a la cual se lastima y ataca. Las personas que provocan e insultan a otras son inseguras; y, su comportamiento suele ser determinado por el miedo, el narcisismo, y la necesidad de controlar una situación. Una persona que realmente tiene la intención genuina de comunicarse y de solucionar cualquier conflicto que suceda, no lástima y busca el tono y la forma de plantear el problema y sus posibilidades de solución. ¿Cómo defenderse de los insultos? Nadie merece ser tratado de forma irrespetuosa, pero somos nosotros los únicos que podemos poner fin a este tipo de actuaciones. Como respuesta se puede ser ignorar con palabras y gestos, y no dar valor al insulto, dado que muchas de las provocaciones buscan reacciones; frivolizar y desviar el tema, y no dejarse ofender, eso te da poder. Mantén la calma y la sonrisa, muestra tu madurez y solicita que se reformule el comentario. Sé sincero y expresa las consecuencias de que la persona siga ofendiendo, con ello boicoteas la comunicación.