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Opinión

Injusticias zoológicas

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
22 de octubre de 2023

¿Por qué comparamos el comportamiento humano con el de los animales? Un análisis revela las curiosas analogías, desde gallinas suicidas por amor hasta la astucia de las pirañas.

Por Álvaro Bustos González* Días atrás se quejaba Pablo Rosselli-Cock, con tino y gracia, de las comparaciones que suelen hacerse entre algunos animales y el carácter de ciertos seres humanos, cuyos rasgos de personalidad se asimilan, como metonimias o sinécdoques, al comportamiento de otras especies. Las mayores víctimas de todo esto, sin embargo, han sido las gallinas de Tolú, que se tiran al mar, según dicen, para ser amadas por los patos. Nadie da razón, por ejemplo, de por qué se apellida Pérez el ratón que le lleva dádivas a los niños a quienes les han extraído una muela, ni por qué existe una cucarachita de apellido Martínez. Tampoco está claro por qué se eligió al caballo para expresar la aceptación de un obsequio, puesto que a estos equinos regalados, por supuesto, no se les debe mirar el colmillo. Mejor librados no salen los gatos, a los que se les atribuye un color pardo uniforme en cuanto aparece la noche con sus sombras y silencios, ni las pirañas, que sirven para designar a las personas astutas y acaparadoras, de proceder engavillado, dándoles un cariz de voraces e insaciables. Que una golondrina no haga verano es comprensible, porque esas aves, expertas en cazar insectos al vuelo, no tienen una influencia directa sobre las estaciones ni sobre los cambios atmosféricos; el burro, en cambio, ponderado en su mansedumbre por Pablo, es puesto por delante para que no se espante, y de la mujer que abusa del maquillaje se dice que se pinta más que una mona, sin que se conozca la razón, dentro de la vanidad interespecie, del supuesto nexo. A otras mujeres, de aspecto voluptuoso y provocativo, las relacionan con una loba, sin que se sepa qué tiene que ver todo aquello con la sotana de un presbítero ni con un promontorio que no puede ser removido por el arado. Peor les va a las matronas prolíficas, de las que se decía que "paren como las conejas". Más comprensible resulta la analogía entre las cotorras y las parlanchinas, y la celebración del día de San Martín de Tours y el sacrificio del cerdo, que es una larga tradición española; de igual manera es entendible que a alguien presumido se le compare con el pavo real, cuyo plumaje se abre con elegancia y parsimonia, sin que el avechucho vislumbre nada de los artificios y necedades humanas. Las mayores víctimas de todo esto, sin embargo, han sido las gallinas de Tolú, que se tiran al mar, según dicen, para ser amadas por los patos. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.