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Opinión

Inclusiones

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
2 de julio de 2023

El respeto a la diversidad humana no exige una catalogación exhaustiva de identidades. La condición humana y la decencia deberían ser suficientes límites, frente a excesos ideológicos.

Por Álvaro Bustos González* El criterio de inclusión, que implica convivencia respetuosa y no discriminación, no debería fundarse en una meticulosa selección, nombre por nombre, de las innumerables identidades que hoy existen, porque no es necesario. Debería bastar con ser una persona, obviamente humana, para merecer un respeto esencial. Pero la manía legislativa, que nos acompaña como una sombra, nos lleva a considerar que toda autodenominación o cada condición es merecedora de una especie de constitución política propia, independiente de su razonabilidad o validez. Lo que nos iguala es la condición de seres humanos, y eso implica el respeto esencial ya aludido. Ahora bien, si nacemos con alguna deficiencia cognitiva, es obvio que no podemos recibir una educación universitaria convencional, en cuyo caso debemos optar por un centro especializado en aquello que nuestras facultades nos permitan. El otro caso es el del convicto. El hecho de estar privado de la libertad no nos quita el derecho a educarnos, pero esta formación en la cárcel requeriría, por parte de la institución educativa y del estudiante, unas precisiones curriculares y logísticas difíciles de implementar individualmente. El respeto a la diferencia debe tener los límites propios de la decencia y la libertad, que en ningún caso es absoluta. No toda vestimenta es propia del ámbito universitario. No es aconsejable que una joven asista a clases en vestido de baño, puesto que la distracción sería generalizada y algunas miradas serían consideradas como acosadoras, lo que generaría un conflicto jurídico y ético de compleja solución. Igual ocurriría con el consumo de alucinógenos en el campus o con los disfraces felinos de quienes se perciban como gatos o como tigres. No olvido a la joven que se me presentó con un par de tallos en las orejas, de los que sobresalían unas hojitas de color verde bosque y unas flores artificiales, diciéndome que ella es un vegetal y que por eso no se bañaba sino que se fumigaba. La ideología de género circunscribe la realidad a la percepción individual y no a la evidencia, porque aquí lo que se ve o se observa no es un rasgo de la naturaleza sino un deseo, muchas veces inducido, que pretende convertirse en una verdad, cuando muchas veces no es más que una ficción en busca de un lugar en el mundo que, por su singularidad, merecería un altar especial, y no propiamente literario. El respeto a la diferencia debe tener los límites propios de la decencia y la libertad, que en ningún caso es absoluta. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.