
Inclinado en el taburete

El taburete, humilde pero emblemático, evoca historias de antaño. Su diseño, arraigado en la tradición, ofrece comodidad y es cómplice de secretos. Un viaje a través del tiempo.
Por José Arturo Ealo Gaviria Lo que hace parte del confort de un taburete es halarle por uno de los costados del espaldar, inclinarlo en un horcón, y bueno, como es lógico, sentarse. El primer recuerdo que me llega de un taburete, es verme acomodado en su asiento y espaldar de cuero, inclinado en una de las verticales del marco de una puerta que daba del comedor hacia el patio en casa que fuera de mis abuelos maternos en San Marcos (Sucre). Allí me daba el placer de degustar una taza de café y cuando le lanzaba humo al mundo, mientras charlaba con una de mis tías. Y esos taburetes con armazón de madera tapizado con cuero rudimentario de ganado vacuno, resistían el paso del tiempo. "Amansados" en el asiento por su leve hondonada, brindan comodidad durante el tiempo que el cuerpo lo necesite. Por carecer de reposabrazos, imagino más un taburete apoyado en un horcón y con sus patas de atrás clavadas sobre la tierra para que no se resbale. Pocos muebles, como el taburete guardan una historia admirable o asombrosa. Es para sentarse una sola persona en él. Es individual. Fue el mobiliario, rudimentario y de identidad básica de los campesinos desde los tiempos de la colonia. No requería altos costos ni de elaboración compleja. Era el mueble para toda clase de eventos, como reuniones, fiestas y celebraciones de velorio. Su término procede del francés "tabouret" o "tabourette", refiriéndose al mobiliario básico e individual con respaldo y asiento de cuero, inspirados en sillas fraileras, pero sin brazos de los siglos XVII y XVIII, y las de tipo Cromwelliam del siglo XVII. Sin embargo, mi evocación se sienta y recuesta en uno de estos mobiliarios, departiendo y oreando cuentos, en viajes a través de leyendas fascinantes. El taburete posee un magnetismo y atracción históricos, de tradición y embeleso, cuando la necesidad de un soporte elevado es evidente: versátil e integrado a los hogares. Inspira el comienzo y memoria de trashumancia grabada en el largo viaje de ese cuero con diseño único. El resultado: dejarse abrazar por una sensación de bienestar. Crear taburetes festeja la nobleza de la madera en eco hacia lo natural. Cada taburete es un homenaje a sí mismo. Es un emocionante viaje a través de variados orígenes. Emerge su esencia. Va más allá de su función principal, convirtiéndose en cómplice de guardar secretos y relatos únicos. Se acomodan los sentidos. Se reclina la escucha.