
¿Implosionan el amor y la vida?

El amor y la vida son obsesiones del presidente Gustavo Petro. Se va a las nubes cuando los menciona en sus intervenciones y pierden encanto con rapidez. Se esfuman en la nebulosa.
Gobernantes y directivos de grandes empresas y proyectos, cabezas de equipos, los que deciden, son proclives a escuchar los dimes y diretes que se producen a su alrededor. Quienes están a su lado tienen el poder de calentarles la cabeza y desatarles los demonios. Y, por lo general, no son las mejores personas las que ejercen ese oficio. Son aquellas que buscan endulzar oídos en su favor y librarse de los incómodos, de los que saben de la gravedad de sus intrigas y pueden delatarlos. Son los que les “miden el aceite” a los de arriba para saber qué tanto influyen los cuentos que llevan. El presidente Petro es permeable a esos runrunes de palacio y por eso sus alfiles un tiempo hacen parte de los amores y otro de los desamores, cuando no de los odios, según el calibre del secreto. De ahí que la permanencia en los altos cargos esté sujeta a la credibilidad o no que el jefe dé a lo le dicen al oído. El corazón del gobierno es una cocina, como ha pasado en otras administraciones. Algunos han parado el cotilleo e impedido que trascienda a la opinión pública. El asunto es que casi nunca o nunca hay evidencias y pruebas en contra de los acusados, salvo que se trate de recursos públicos. La de hoy es una guerra de súbditos por ganarse el corazón del presidente más que por hacer una buena gestión. Es una vergüenza que el centro del poder, el lugar donde se toman decisiones y se juega la suerte del país, sea la caldera del diablo, y esto vale para el gobierno que sea. En la pugnacidad en que vivimos, los próximos cuatro años se presumen como una guerra de rumores, mentiras y desafueros para que la administración se distraiga desmintiendo versiones y no cumpla su propósito de gobernar. Es lo que ha pasado entre 2022 y 2026 (y antes) donde los adversarios se han metido entre las sábanas y las almohadas del presidente, poniendo talanqueras para frenarle su prometido cambio, ayudados con fuego amigo. Lamentable que cada día traiga su escándalo, que se pisen las mangueras a los ojos de todos, que se vigilen y se espíen como pareja celosa y tengan al presidente en la mitad de esos juegos de poder. Y, además, que se rodeen de contratistas que representan intereses contrarios a los del gobierno. Mientras unos luchan por mostrar los logros del cambio, trabajan por rescatarlo de la jauría y darle una segunda oportunidad, otros lo despedazan, no sin antes hacerse a su buen botín. Tantos años esperando gobernar y un gran porcentaje de los militantes no se preparó, no se concentró en alcanzar metas, no se apoyó en el conocimiento, no se ganó el respeto y, por tanto, no dejará huella. Quién sabe cuál será el balance final de quienes hicieron todo por marchitar una esperanza y qué lograrán los que siguen luchando por reverdecerla.