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Opinión

Ignorancia sabia

Álvaro Bustos González*
Álvaro Bustos González*
Columnista
27 de agosto de 2023

El afán por la innovación y la investigación, especialmente en el emprendimiento, puede generar confusiones. No todo es cuantificable, y la ciencia, paradójicamente, puede ser conservadora.

Por Álvaro Bustos González* El frenesí por investigar e innovar, asociando esas dos actividades al emprendimiento, puede llevar a nebulosas confusiones, puesto que no todo es objeto de investigación científica. Digamos que sólo lo es aquello que se puede cuantificar. ¿Qué objeto tiene, decía Einstein, analizar una sinfonía en términos de ondas de aire a presión? Investigar es, en esencia, comparar a partir de una hipótesis que se confronta con una, llamémosla así, aparente realidad que queremos conocer mejor o transformar, y eso prácticamente es imposible de hacer en el ámbito de lo subjetivo. La porfía en busca de algo mejor, de una mayor modernidad a través de la ciencia y la tecnología, desconoce que no hay nada más conservador que la ciencia. El conocimiento objetivo no es el producto de una luz súbita que nos llega como por ensalmo, sino el acúmulo gradual de certezas refutables, de conjeturas; y la técnica no es un instrumento bondadoso por sí mismo, sino la "hija bastarda de la ciencia", al decir de Ernesto Sábato, quien ejerció la física en el laboratorio Curie y quien devino escritor y pintor de monstruos en la penumbra de su soledad. La tecnología sin la bioética no es nada. Siquiera en Noruega y Suecia, para mejor educar a los niños, hoy están regresando a los libros en detrimento de las tabletas computarizadas. Se nos dice que hay que investigar sobre asuntos pertinentes. Vaya, vaya. Los grandes avances del conocimiento científico han obedecido, a lo largo de la historia, a la curiosidad de unas mentes excepcionales y a un azar llamado serendipia, no al desarrollo de políticas públicas ni a codiciosas necesidades derivadas de nuevas oportunidades de negocios. Ya advertía Pascal sobre "las grandes almas que, habiendo recorrido todo cuanto los hombres pueden saber, encuentran que no saben nada", lo que está en concordancia con el dictum socrático del sólo sé que nada sé. De modo que no es un asunto de atavíos intelectuales transitorios ni de estar a merced de una ventolera con apariencia de novedad. El verdadero conocimiento es humilde, no alberga pretensiones dogmáticas porque se sabe defectuoso, y no puede perdurar si no lo acompaña el sentido filosófico que entraña la epistemología. Sería bueno que los estudiantes meditaran un poco cuando escuchen aquello de que algo está "científicamente demostrado". Deben acostumbrarse a dudar. En eso consiste el pensamiento crítico. *Decano, FCS, Unisinú -EBZ-.