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Opinión

Huella Caribe

José Arturo Ealo Gaviria
José Arturo Ealo Gaviria
Columnista
6 de mayo de 2024

La huella Caribe palpita en Colombia: espontaneidad, magia y diversidad cultural. Un crisol de tradiciones, música y folclor que define su identidad, un legado perdurable.

Por José Arturo Ealo Gaviria Hay una huella esencial entre costas, valles, sabanas, serranías, ciénagas y un cúmulo de riveras que nos ampara. Hay una alegría que vibra vertiginosamente. Posee sensatez. Se habla en la escala y tonalidades de vocerío. Se anima la voz. Algunos comentarios van cargados de humor y un efecto de picaresca. Sorprende con algo por venir y por su variedad de oficios. Se concibe un redescubrimiento con fuerza de atavismo. Su gesto es de colores que traspasan las hojas de los árboles. Contrasta con la originalidad esencial. Se hace del baile cantado un modo de vida. Es una cultura impregnada alrededor de festividades, de carnavales y de canciones. Hay un vivir de espontaneidad y ocurrencias. Sin levantar un polvorín por ese entusiasmo que llevamos en nuestro espíritu fogoso y tropical, de esos pasos trajinados en cascajo, cieno o de hojarascas, hay una representación viva de nuestra esencia que la dignifican ante nosotros mismos y el mundo. Esa huella Caribe es de una vida espontánea y de mágico vivir. De una intención con variadas expresiones fundidas en una misma dinámica. Es un modo de actuar y de pensar que se vive por igual. Se mantiene como una condición que identifica su originalidad, empezando por la manera de andar o la forma de gesticular al abrir los labios para musitar palabras. Por su geografía se improvisa la manera de vivir. Tenemos huella de un país dentro de Colombia, caracterizado esencialmente por muchas emociones y sensibilidades de un apropiado mestizaje. Alegría que se vive en diversidad de música y folclor, desde los caseríos y viejos caminos, con esa insistencia desde épocas de la colonia y de muchas vertientes. Hay un lenguaje natural con cambios de adaptabilidad que evolucionan con el tiempo. Hay una huella cuyo desplazamiento se puede aproximar a los criterios usados en su historia para la reconstrucción de los semblantes y las tonalidades con códigos de lenguajes y ambientes de turbulencias. Hay un constante proceso de fusión y mezcla generando formas híbridas, características de los espacios de fricción. Ese conjunto de rasgos y de tradiciones se convierten en una constante transformación, reinvención, selección y cambio. No es la barrera limítrofe de la geografía, sino el modo de pensar del pueblo envuelto con su cultura, lo que define y plasma la huella Caribe a lo largo y ancho de los contrastes de su panorama. Una huella que ni el tiempo ni la hojarasca jamás pueden borrar.