
¿Hasta cuándo vamos aguantar?

Las reformas tributarias, aprobadas sin miramientos, asfixian la economía. La deuda pública y la corrupción agravan la situación, mientras la inseguridad y la crisis económica se expanden.
Por Félix Manzur Todos los gobiernos fabrican reformas tributarias que doblan la tributación. A pupitrazo limpio y descaradamente las aprueban en el parlamento. La paz fue aprobada con la desfachatez tributaria y con mermelada indigesta. La fariséica paz, aunque necesaria para la convivencia republicana, después de levemente derrotada en el plebiscito fue utilizada maquiavelicamente con protervos intereses políticos y personalistas. Jubilaron con curules a los veteranos y otros fundaron frentes subversivos al igual que los paramilitares que se convirtieron en Bacrim. Las víctimas llevaron del bulto; ni paramilitares y guerrillas los indemnizaron. La justicia reparación y no repetición parecen sofismas de distracción. El sur del país se rearma y el Ejército parece convidado de piedra mientras se expande la subversión y el narcotráfico. Todos participaron del festín derrochador. 206 mil millones de dólares de la deuda pública que tendremos que pagar con sudor y lágrimas empresarios, gremios, trabajadores, sindicatos, docentes, contratistas, amas de casa etc. La actual reforma arruinante terminará de minar nuestra economía. Ya no toleramos más alzas catastrales, y ahora con el catastro multipropósito que pretende igualar gradualmente las propiedades al valor comercial, haría impagable a futuro el tributo. Otros gravámenes como los de industria y comercio, combustibles, retefuentes. Iva desbordado, más impuestos a sueldos, pensiones, Iva a OPS, como se pretende; monotributo a los tenderos y comerciantes, clase media en franco deterioro, pobreza e indigencia. Peajes cada 40 kilómetros, vulnerando empredimientos y competitividad. Es más caro fletar de Bogotá a Buenaventura, que de este puerto a la China. Créditos bancarios más altos y onerosos del planeta. La economía y cartera bancaria en más de un 10 por ciento deteriorada, presagiando vientos recesivos o contractivos en la frágil economía. Burbuja inmobiliaria a punto de explotar. Empresas pequeñas, medianas, grandes y multinacionales amenazadas por el estado alcabalero y filibustero. La corrupción ha permeado derechas e izquierdas, es ambidiestra. El caos, la inseguridad azota hogares, veredas, ciudades. La expiación hipócrita de todos los sistemas dándose golpes de pecho no convence y la fanaticada se prosterna defendiendo lo indefendible, a sabienda que son cucarachos sobre el mismo cóncolo o botín.