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Opinión

Happy Lora: eterno campeón

José Armando Benítez Tuirán
José Armando Benítez Tuirán
Columnista
14 de agosto de 2025

Hace 40 años, el boxeo cordobés entró a la escena mundial de una manera tan sublime como inigualable. Un joven monteriano, fornido, atlético, bien plantado, arropado con una bandera de Colombia y coronado con un sombrero vueltiao, irrumpió en el Tamiami Fairgrounds Auditorium de Miami, Florida. Mientras subía al cuadrilátero, comenzaron a sonar las sentidas notas del porro 'María Varilla' llamado popularmente himno de Córdoba.

Mientras tanto, abajo, en el sur del mismo continente, un pueblo ansioso seguía, a través de las pantallas de los televisores o de la radio, la transmisión en vivo del combate entre Miguel 'Happy' Lora Escudero y Daniel Zaragoza, de México, por el título mundial gallo del Consejo Mundial de Boxeo (CMB). Aquel muchacho de 22 años, que vivía en el barrio Colón de Montería, entró al mejor estilo de Rocky Balboa, como si de una de esas películas se tratara. Estaban puestas todas las esperanzas del pueblo cordobés en aquel púgil. Era tal vez la primera vez que un nacido en el naciente departamento de Córdoba -solo tenía 33 años de haberse creado- era tendencia nacional, pues fueron miles los colombianos que estuvieron pendientes de aquel combate. Córdoba vivía la emoción de poder coronar como campeón mundial de boxeo a uno de sus hijos. Ya lo habían conseguido cuatro colombianos: Pambelé, Rocky Valdés y los hermanos Cardona. Y ahora un sinuano de pura cepa podía convertirse en el quinto. Fueron 12 asaltos intensos y, aunque Daniel Zaragoza cayó a la lona, no hubo nocaut y tuvimos que esperar la decisión de los jueces. Muchos pensaban que a Happy le robarían esa pelea, pero la decisión fue unánime a favor del cordobés. Montería, Córdoba y Colombia estallaron de alegría: Happy Lora era el nuevo campeón mundial del peso gallo. Nunca un pueblo se ha sentido tan orgulloso de un ídolo deportivo como Córdoba lo ha hecho con Miguel 'Happy' Lora Escudero. En lo deportivo, siempre lo dio todo. Fuera del ring, ha sido un hombre sin igual, carismático, con don de gentes, sencillo, cordial y siempre con una sonrisa y su peculiar saludo de "Champion" para compartir con quien se le cruza en la calle. Happy Lora es y será siempre un grande, un gigante, porque además de las glorias que nos dio en lo deportivo, su vida privada ha sido siempre ejemplo para las nuevas generaciones. ¡Viva Happy Lora, viva el eterno campeón!