Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

Hagamos camino al andar

Jaime De La Ossa Velásquez
Jaime De La Ossa Velásquez
Columnista
1 de diciembre de 2023

La democracia, síntoma de salud colectiva, florece en la educación superior. Un análisis profundo revela la universidad como base para una sociedad culturalmente sana y respetuosa.

Por Hernán de la Ossa El mejor síntoma de salud colectiva es la democracia. Pareciere una conclusión de un tratado médico, pero es más que eso, es el punto final de un histórico análisis del comportamiento sociopolítico del hombre en sociedad. Un concepto más que lógico si es que se quieren denotar las razones y los puntos de partida para conformar una sociedad cultural y políticamente sana. Este punto de partida se resume en lo que encierra la cultura democrática, que es interpretable como el resultado del proceso académico-crítico nacido a partir de la educación superior. Una sociedad democrática es aparentemente una utópica concepción de la armonía política en el país, pero no es imposible, aunque sea tardía su consumación, por lo tanto, deberíamos considerar a la educación superior la base de esa construcción social y a la formación en sus aulas de clase como las piedras que conforman el camino que debemos construir al andar. El concepto de democracia, es aún más social que político si lo medimos como un acuerdo colectivo en el que se imponen las decisiones de las mayorías y se respetan los criterios minoritarios, a sabiendas que es también actitudes y comportamientos de pensamiento crítico frente a la problemática, que varían de acuerdo con los divergentes puntos de vista, y al parecer de este suscrito, no hay escenario más propicio para confluir opiniones, puntos de vistas y derroteros comunes, que un campus universitario. Si tomamos a nuestra alma mater y analógicamente la comparamos con el núcleo familiar, encontramos que en sus aulas se representa la figura materna que educa y forja a sus hijos a través de conceptos académicos que fundamentan las opiniones y exhortan a la creación de criterios sociales, culturales, políticos que a la postre se convierten en premisas de vida. Luego entonces, las diferencias que son subjetivas desde su génesis, los criterios, la diversidad y la aceptación tendrán que terminar direccionados hacia un mismo punto final. En conclusión, es menester de la educación superior endurecer la muralla que salvaguarda los criterios emergentes que ella misma va ayudando a concretar y por lo tanto abrir el espacio social para que estos se conjuguen con sus afines y conformar una sociedad democrática y segura. Hagamos camino al andar desde las aulas de clase, aprendamos a aprender de quienes piensan diferente y entonces encontraremos, desde la academia como piedra angular, la inclusión y el respeto propio de aquello que llamamos democracia.