
Hacia el despeñadero

Colombia enfrenta el riesgo de replicar el destino de Venezuela. Advertencias y señales de un rumbo similar al régimen chavista preocupan a la población.
Por Bibiana Cabarcas Hace unos 20 años atrás los venezolanos se reían porque los empezaban a comparar con los cubanos, "nosotros no somos como los cubanos" decían, con una luz brillante en los ojos y retando a quienes se los decían. Luego el tiempo les dio la razón a quienes les advertían sobre el rumbo tenebroso al que los llevaba el socialismo del siglo XXI. Actualmente a los colombianos nos dicen que vamos rumbo a ser la siguiente Venezuela, y algunos a voz en cuello dicen "nosotros no somos como los venezolanos", pero, ya se ven las banderas rojas que indican que para allá vamos, con la anuencia y complicidad de los políticos tradicionales y de los empresarios que creen que por negociar con el régimen a ellos no los van a tocar. Este virus castro-chavista-madurista ya está aquí y muta para adaptarse a la idiosincrasia del colombiano, llegó con la promesa del cambio y de manera democrática, y ya en el poder se van a valer de una mil argucias para desecharla y quedarse indefinidamente, y el primer paso es modificar la constitución; ya se oyen las voces de una constituyente y se invoca al poder primario, a las bases, al pueblo o sea a las primeras líneas, a los violentos que a punta de chantajes y bloqueos harán hasta lo imposible para llevarla a cabo. Una vez modificada la constitución empieza la destrucción de las instituciones, y crean las bases de un piso jurídico para volver legal lo ilegal; y de ahí en adelante viene la destrucción económica, social, familiar y hasta del lenguaje. Igualmente empieza la persecución a los medios de comunicación que no les son afines, algo de eso empezamos a ver en cabeza de periodistas y medios que están denunciando los graves delitos de corrupción y que son señalados por el Presidente y sus bodegas. También van a desacreditar y menospreciar al esfuerzo y el trabajo honrado, la preparación, la educación; al empresario, y a punta de activismo y de ideologías crean el discurso de que el mérito no es importante. Comienzan también a machacar el odio de clases y las divisiones entre ricos y pobres, hombre y mujeres, entre negros y blancos, todo con el fin de trazar líneas divisorias que radicalizan a la sociedad, creando caos y enfrentamientos. Destruyen el aparato productivo, persiguen al empresario y empiezan a expropiar, la nueva ministra de Agricultura es una activista experta en expropiaciones rurales. Luego se apoderan del control cambiario y establecen distintos tipos de cambios con el fin de distorsionar la economía. Luego inoculan su ideología política a las instituciones que deben ser neutrales como la policía, el ejército, las cortes y entes de control como el Consejo Nacional Electoral, que pasan a ser controlados por ellos, y en este punto ya no hay retorno, oficialmente estaríamos en un régimen autoritario y la democracia ya no existiría. Estamos entrando peligrosamente en ese despeñadero, tal y como pintan las cosas, no habrá elecciones libres en 2026, aunque suene exagerado y aunque algunos piensen que es mejor sacar tajada del muerto para luego comérselo en otro país, dejando a todos en una dictadura.