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Opinión

Hacia el Continente Milagro

Ensuncho De La Bárcena
Ensuncho De La Bárcena
Columnista
26 de junio de 2026

La campaña quedó atrás y Abelardo De La Espriella es el nuevo presidente de Colombia.

A partir del próximo 7 de agosto, el prestigioso abogado penalista y administrativo, simbolizará la unidad nacional y, al jurar el cumplimiento de la Constitución y de las leyes, está obligado a garantizar los derechos y libertades de todos los colombianos. Como Jefe de Estado, Jefe del Gobierno y Suprema Autoridad Administrativa, sus deberes constitucionales serán, entre muchos otros: "nombrar y separar libremente a los ministros del despacho; dirigir las relaciones internacionales; dirigir la fuerza pública como comandante supremo de las Fuerzas Armadas de la República; conservar en todo el territorio el orden público; sancionar y promulgar las leyes, obedecerlas y velar por su estricto cumplimiento". Con la ayuda de Dios, los colombianos tenemos garantizados durante cuatro años: el imperio de la ley, el orden institucional y el respeto a nuestra Constitución Política. Asunto de vital importancia en el momento histórico que vivimos como civilización hispana y cristiana. No se trata de una pugna política en la lucha histórica de "derecha contra izquierda". El asunto va mucho más allá de esta pueril dicotomía. Lo que está en juego en toda América es el restablecimiento de la libertad, el orden, la democracia, la dignidad, la familia, la empresa y la Verdad, en varias de nuestras naciones que han caído bajo las tentaciones absolutistas del fracasado socialismo, de la mano de la lucha de clases, el populismo y la mentira, tres engendros de la doctrina marxista-leninista que, además, es atea y anticristiana. Es hora de retomar nuestro destino en nuestras propias manos: la tal Revolución Francesa fue una avalancha criminal. La revolución bolchevique fue asesina, al igual que la revolución china. La Revolución cubana fue una masacre y el tal socialismo del siglo XXI solo engendró desolación y muerte. Necesitamos volver a los valores fundacionales de nuestra civilización hispana. Valorar la libertad de expresión; el orden que nos dan las leyes; la democracia como modelo de Estado; la dignidad de la vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural; la familia tradicional (padre, madre, hijos) como célula primigenia de la sociedad; la empresa como instrumento fundamental del desarrollo económico; y la verdad cristiana como patrimonio de todos los hijos de Dios. En ese mismo camino, Su Santidad el Papa León XIV nos invita a ver la Eucaristía como un poderoso antídoto "ante los fermentos de división que amenazan nuestro mundo, nuestras comunidades, nuestras familias, nuestro corazón" y la Conferencia Episcopal Colombiana nos propone avanzar juntos con esperanza en la construcción del país que anhelamos. "Colombia nos necesita a todos". ¡Viva Cristo Rey!