Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

Hablamos con el alma en la boca

José Arturo Ealo Gaviria
José Arturo Ealo Gaviria
Columnista
11 de agosto de 2025

Esto que hablamos hoy en día es una fluidez de mezclas y transformaciones que destila el mundo con sus metáforas y narraciones. Así como hablamos los de la sabana, los del valle, los de ciénagas, los ubicados a orillas de los ríos, tenemos un acento único. Lo cantamos a diario. Está hecho con aires de historias. Somos de una geografía con una nueva palabra. Está vertida en un remolino o en el viento. Hablamos con un aire que se ha convertido en una elocuencia chévere. Nace con melodías. Nos acostumbramos al murmullo de las hojas, descubriendo ecos de un canto y explosión de la vida. Hablamos liberando la melodía que yace vibrante en el corazón.

Hablamos por inercia de la brisa marina que alude secretos en cada palabra al escaparse de nuestros labios. Son palabras con sal, con sabor a mar, a coco, a mango y a miel. Este acento costeño es un río caudaloso de historias, de leyendas y de risas. Corre libre, sin ataduras, al igual que el viento acaricia las palmeras. Es música del alma, eco de nuestros abuelos. Es la voz de un pueblo que celebra la vida con cada sílaba, con cada entonación. Es la cadencia de un porro, de una cumbia, de un bullerengue, de un mapalé, de un vallenato y alegrías de un carnaval. Todo eso y mucho más en la solicitud de cada frase, de cada mirada, de cada abrazo costeño. Es el orgullo de ser, de sentir, de hablar y de vivir con ánimo en el pecho. Hablamos con esa voz de inmensidad en el mensaje de nuestros sueños. Nos convertimos en un reflejo de nuestras esperanzas y anhelos más profundos. Hablamos con el sonido de la verdad y voz de la sencillez. Representa la promesa de aventura y superación de límites personales. Poseemos la esencia de la música en su escala de tonos y semitonos. Hablamos con ese recordatorio de que la vida es un flujo constante, donde todo permanece en movimiento y nada está en vaivén. Nos presenta de un bálsamo aliento para el espíritu. Trae paz interior, incluso hasta en medio de la adversidad. Llevamos en la garganta la fuerza inmensa de la naturaleza, un acento sin misterio, de energía y vitalidad. Hablar como hablamos es una conversación de palabras con alegrías y chispa al ritmo vibrante de cada suceso. Sin más palabras, hablamos con el alma en la boca.