
Gustavo Sánchez: Predicar con el ejemplo

La muerte del profesor Gustavo Sánchez del Toro obliga a reflexionar sobre la importancia de honrar en vida. Un homenaje póstumo a un hombre íntegro, ejemplo de valores en tiempos turbulentos.
Por José Armando Benítez Tuirán Qué difícil es predicar con el ejemplo. Que complicado resulta poner en práctica cosas tan elementales que la sabiduría corroncha popular no para de señalarnos. No esperar a que alguien muera para manifestarle el respeto, el aprecio o la admiración, es una de ellas. Me pasó con una gran persona, un referente de la vida correcta, mi profesor de siempre, mi vecino Gustavo Sánchez del Toro. A quién hace un año le escribí un homenaje, por haberse jubilado de su profesión como docente de la Institución Educativa Mariscal Sucre de Buenavista, pero que por cosas del destino no pudo ser publicada. Pude hacerlo después, pero consideré que sería mejor esperar a que pasara un año de su retiro de las aulas. Hace pocas semanas se cumplió ese año y me dieron el espacio para publicarlo, pero la muerte nos sorprendió. Se llevó al profe Gustavo y ahora me toca escribir a su memoria. La vida es aquello que ocurre mientras te preparas para afrontarla. La encarnación de lo políticamente correcto es Gustavo Sánchez del Toro. Hablo en presente porque quien deja huella en la vida de los demás, como lo hizo él, permanece vivo por siempre. Esa es también una manera de lograr la eternidad. En estos tiempos de tantos narcisistas que necesitan ser admirados; que ser extrovertido es una necesidad para destacar; que la manipulación, la falta de humildad y el fanatismo están de moda; que la prepotencia y la arrogancia son la cara del poder; ahora que la intolerancia y la agresividad hacen parte del discurso social; quiero destacar el placer, el honor y el privilegio de haber sido alumno de vida de una persona como el profesor Gustavo, cuya manera de vivir es la antítesis de toda esa degradación social. Un auténtico caballero. Una persona dotada de valores y principios éticos morales que transmitió a su alumnado, no solo con palabras, sino también con el ejemplo. Un ciudadano responsable, honesto, serio. Un hombre de Dios fiel a sus creencias y respetuoso de las de los demás. Un personaje infravalorado de nuestra sociedad. Un ser ejemplar para el que quizás, (ojalá me equivoque) no va a haber homenaje en su pueblo, más allá de una foto en redes sociales con un mensaje de condolencia. Hay que intentar vivir en el aquí y el ahora. No aplazar, hacer. Gracias, profesor Gustavo. Incluso después de su partida, me sigue dando lecciones de vida.