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Opinión

Guapirreos, porros y fandangos

Samuel Morales Turizo
Samuel Morales Turizo
Columnista
5 de julio de 2024

El porro, música vibrante de Córdoba, Sucre y Bolívar, evoca alegría y tradición. Sus ritmos conectan con la vida de vaqueros y campesinos, un legado que perdura en el alma sabanera.

Por: Samuel Morales Turizo Uno de los actos de mayor regocijo para los habitantes de Córdoba, Sucre y el Sur de Bolívar es oír un porro en los amaneceres y atardeceres de esta hermosa región, en donde sobresalen el sonido del bombo con repiqueteos, las trompetas y los clarinetes. Escuchar esta música nos traslada a contornos bulliciosos, en donde la nota predominante es la alegría. Transporto mi memoria a los años 90, hoy no podemos olvidar aquellas noches de verano de los tiempos sin regreso. Parece que los momentos amenos se han detenido en nuestros pueblos sabaneros, a donde resonaban los porros: Mi Lindo Corozal, Ayapel… Contemplando a una joven bailadora de fandango llevando en sus manos velas encendidas y moviendo sus cinturas con mucha vitalidad. Porros cargados de sentimientos, retratando la vida, los recuerdos y vivencias de vaqueros, campesinos, catapileros, macheteros y pescadores. Evidentemente no lo hemos perdido todo, aún conservamos aspectos fundamentales de nuestra cultura. Cuando los sabaneros oyen un porro, es como cuando explotan las notas musicales, como semillas que brotan de la tierra, al instante las mujeres bailan con movimientos de caderas, toques de palmas con las manos y picadas de ojos. Los hombres se toman el trago de ron a pico de botella, se embriagan, luego viene el escupitazo, acompañado del fuerte guapirreo ancestral: juepajé… proveniente de lo más profundo de sus almas, allí se experimenta el gozo espiritual, como un escape del cúmulo de júbilos y frustraciones percibidos a través del tiempo. Los niños crecen con el porro y el guapirreo en la sangre, valores culturales que representan a esta región. El futuro de nuestra tradición oral está en los niños, enseñándoles, transmitiéndoles lo nuestro, lo original. Margarita Cantero Pérez, era admirada por su positividad, el entusiasmo y activismo que aportó a la masificación del porro, con palabras impregnadas de amor, alegría por la música que llevaba en su corazón decía: “Hay quienes dicen que bailar porro es como nacer de nuevo, o como estar en la vía láctea, porque las grandes ruedas de fandangos se asemejan a esas experiencias. Allí, en medio del baile, se da una sinergia de elementos e historias. Se hace un ritual de amor”.