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Opinión

Guapirreo de fin de año

Ensuncho De La Bárcena
Ensuncho De La Bárcena
Columnista
29 de diciembre de 2023

Las festividades se desbordan en emociones y tradiciones. La alegría familiar y las celebraciones culturales, como La Corraleja, inundan San Marcos, Sampués, Caucasia y Turbaco.

Por Ensuncho de la Bárcena Estos días vienen cargados de una lluvia de emociones. Tanto en San Marcos, como en Sampués; igual en Caucasia que en Turbaco. A causa del abrazo familiar que nos enlaza con nuestros abuelos, nuestros padres y nuestros hermanos. En el barrio, en la cuadra, en el pueblo, todo vuelve a irradiar aquel azul de infancia. Huele a mundo nuevo. Todo sabe a alegría. Y como si no fuera suficiente con los milagros de la Navidad, aparece nuestra señora, La Corraleja. Para recordarnos que somos caballo, que somos porro, que somos toro, que somos manta, que somos banderilla, que somos fandango, que somos capote, que somos garrocha, que somos banda, que somos guapirreo. Los sentidos se entrelazan. El alma se alborota. El cuerpo, ni se diga. Por esta época el ser humano sanjorgense, sinuano, sabanero, busca un sombrero zenú que le sirva de corona. Para coronar el año como Dios manda. Como debe ser. Como quiso la vida que fuéramos. Y nos sentimos felices de ser lo que somos. Sin prejuicios ni complejos. Sin falsear nada. Sin impostar nada. Sin complacer a nadie más que a nosotros mismos. En familia celebramos a nuestro hermano mayor, Leonardo Martín, quien nació de noche, cuando aún sonaba el fandango en La Plaza de la Trinidad, en plena fiesta de San Juan Evangelista, el discípulo amado. Casi siempre coincide con el desfile equino que aquí llamamos Cabalgata, en el que nos encanta lucir la elegancia propia de un noble animal que llegó al Nuevo Mundo para quedarse y ser uno con el vaquero, como aquel viejo mito griego llamado Centauro. A la Cabalgata le sigue la noche más larga del año: la que acaba en la gloriosa Alborada, un eufórico recorrido por las calles, a ritmo de fandango, hasta llegar a la Plaza de Toros al amanecer. Cada 29 de diciembre celebramos a nuestro segundo hermano, Ramiro Antonio, en la fiesta de Santo Tomás Becket, canciller de Inglaterra y Arzobispo de Canterbury del siglo XII. Casi siempre es la segunda tarde de la temporada taurina y aprovechamos para saludar a los viejos amigos, tomarnos un trago con ellos y algunas fotos. Es un día propicio para que conozcan la plaza quienes no fueron el primer día porque lo impidió el trasnocho de la alborada. El 30 es el turno para celebrar a nuestra bella sobrina Andrea Sofía, en la fiesta de Santa Anisia de Salónica, virgen y mártir del siglo III. Y aprovechamos para ponerle serenata con una banda del pueblo. Y así celebramos el paso de un año a otro. Entre abrazos de felicidad.