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Opinión

Glioblastoma multiforme

Remberto Burgos de la E.
Remberto Burgos de la E.
Columnista
7 de octubre de 2024

Un relato conmovedor sobre el glioblastoma multiforme (GBM), un tumor cerebral mortal. La cirugía ofrece ventajas, pero la enfermedad es invasiva, con baja supervivencia y un diagnóstico complejo.

Por Remberto Burgos de la Espriella La despedida fue un adiós. El paciente confinado, acompañado de su esposa, mirando lejos y con las escleras melancólicas. ¿Por qué le tocó esta lesión cuyo tratamiento incierto solo deja malos recuerdos? La WHO los clasifica según el grado histopatológico: Grado I y II de bajo grado, Grado III anaplásico y, como el de mi compañero y alumno, Glioblastoma Multiforme (GBM). No hay duda de que la resección macroscópica radical de la lesión tiene innumerables ventajas e impacta su historia natural. Lo importante es que las áreas vecinas del cerebro o áreas elocuentes no sufran ninguna lesión. Afirmar que la cirugía hoy día ofrece innumerables ventajas, cierto: resecar el tumor sin lesionar el cerebro. El GBM es un tumor de rápido crecimiento, invasivo, con una mezcla heterogénea de células astrocitarias, necrosis, proliferación vascular y exagerada mitosis. Se presentan 2-3 casos por 100.000 personas y la supervivencia alcanza los 12 meses. Los que no se someten a tratamiento solo consiguen 4 meses. La enfermedad se desarrolla entre dos a tres meses y un porcentaje mínimo, 7 %, alcanza a sobrevivir 5 años. Sabemos que además del examen clínico estos pacientes y sobre todo aquellos con Glioblastoma Multiforme necesitan TAC, Resonancia de cerebro y quizá PET: El tratamiento convencional tiene limitaciones y especialmente en aquellos tumores de alta malignidad. Identificar áreas disertas es clave y estos tumores alcanzan casi en un 60 % estas zonas. Recordamos a Penfield, y como la estimulación eléctrica de estas áreas vecinas, son una gran ayuda en delimitar la lesión y sus relaciones. Se habla que lo más difícil de vivir con un glioblastoma, tumor cerebral mortal, es conocer y hacer amistad con pacientes recién diagnosticados. Escuchas sus historias, le cuenta la suya y luego estos pacientes decaen y se complican. Le da ánimo, el tumor no da chance y los enfermos fallecen. Es una triste historia. El diagnóstico precoz ayuda a detectarlos y más si focalizamos los factores de riesgos: trastornos genéticos, neurofibromatosis, antecedente de radioterapia, Síndrome de Lifraumen. Quizá tener en cuenta la transición que puede ocurrir y un astrocitoma grado II o uno anaplásico pueden terminar en glioblastoma multiforme (tumor secundario). Conocemos que se diseminan a través de las vías nerviosas y borran todos los límites en el momento del diagnóstico. Esta es una enfermedad incurable. Menos del 1% sobreviven 10 años y en el cerebro este pincel maligno va dibujando características clínicas que incluso a veces el individuo se asombra.