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Opinión

Gestores de paz en Colombia

Félix Manzur Jattin
Félix Manzur Jattin
Columnista
28 de octubre de 2024

La controversia rodea a los gestores de paz en Colombia: figuras clave para la reinserción que enfrentan acusaciones de actividades delictivas, socavando la confianza en el proceso de paz.

Por Félix Manzur Jattin En Colombia, el papel de los llamados "gestores de paz" ha sido motivo de amplia controversia. Estas figuras, surgidas en el marco de intentos por consolidar una paz duradera en el país, tienen como misión contribuir a la desmovilización y reintegración de miembros de grupos armados a la sociedad. Sin embargo, en varios casos, algunos de estos gestores han sido señalados por mantener actividades delictivas, lo que ha generado preocupación y debate en torno a la efectividad de este mecanismo. El proceso de paz en Colombia, complejo y lleno de desafíos, necesita mediadores con credibilidad para ganar la confianza de las comunidades y de los excombatientes. Sin embargo, cuando los gestores de paz son descubiertos participando en actividades ilegales, este proceso pierde legitimidad y las comunidades sienten que los esfuerzos para construir un país libre de violencia están siendo saboteados. Además, estas acciones ponen en entredicho las inversiones y recursos destinados a su reintegración, generando cuestionamientos sobre si dichos fondos se están utilizando adecuadamente. Uno de los mayores problemas radica en que muchos de los gestores de paz tienen antecedentes judiciales. Representa un riesgo, pues algunos de ellos terminan reincidiendo en actividades ilegales, lo que va en detrimento de sus labores de construcción de paz. La dificultad de vigilancia sobre sus actividades y las limitaciones de los mecanismos de control hacen que la línea entre la reintegración y la reincidencia sea muy delgada. Recientemente, algunos escándalos han evidenciado que ciertos gestores continúan vinculados a las redes delictivas que operan en el país. Este hecho no solo afecta a las comunidades donde estos gestores desarrollan su labor, sino también al tejido social en general, pues aumenta la desconfianza de la población hacia el proceso de paz y hacia las autoridades encargadas de supervisarlo. En conclusión, para que los gestores de paz cumplan su objetivo, el gobierno colombiano necesita establecer controles rigurosos y constantes que verifiquen su compromiso con la legalidad. Así, se podrá evitar que la figura del gestor de paz se desvirtúe, protegiendo la credibilidad del proceso y logrando que esta figura realmente contribuya a una paz sostenible. Solo con un verdadero compromiso de los actores involucrados y una vigilancia adecuada se podrá construir una paz auténtica que supere las barreras de la desconfianza y la delincuencia en Colombia.