
Gestores de nada

Desde que el presidente Gustavo Petro designó a cabecillas de grupos criminales y exjefes de autodefensas como 'gestores de paz' se desató una tormenta de controversias en el país. Lo que debería ser un proceso serio y fundamentado se convirtió en una suerte de feria de salvoconductos, donde las improvisaciones, características del gobierno, parecen no tener límites. El objetivo de las designaciones era avanzar hacia una paz duradera y fomentar la reintegración de actores armados al tejido social. Sin embargo, la realidad dista mucho de este ideal. Varios de estos gestores están involucrados en conflictos con el Estado, lo que plantea un dilema, especialmente para las Fuerzas Militares, que hoy no saben cómo actuar. La confianza se ve minada cuando se otorgan avales a figuras que han estado en la línea de fuego de la violencia y el crimen, creando más incertidumbre que soluciones.
Lo más grave, la advertencia de la defensora del Pueblo, Iris Marín, para quien el presidente no tenía competencia para hacer esas designaciones. En lugar de una paz estable, estas decisiones apresuradas siembran semillas de más conflictos y polarización en una sociedad ya desgastada por la violencia. La 'paz total' fue una apuesta improvisada y sus pésimos resultados están a la vista de todos.