Cargando indicadores...
Córdoba Logo
Imagen del artículo
Opinión

Francisco ha muerto: balance de un pontificado reformista (2013–2025)

Hernando Montalvo García
Hernando Montalvo García
Columnista
22 de abril de 2025

El papa Francisco falleció a los 88 años tras un pontificado reformador de más de doce años. Su partida marca un hito en la Iglesia católica, dejando un legado de cambio social y espiritual.

Por: Hernán Alejandro Olano García Doctor en Derecho Canónico El 21 de abril de 2025 falleció en Roma el papa Francisco, a los 88 años, luego de varias semanas hospitalizado por complicaciones derivadas de una neumonía bilateral. Su partida marcó el fin de un pontificado profundamente reformador que duró poco más de doce años. Jorge Mario Bergoglio, el primer pontífice latinoamericano y el primer jesuita en ocupar la cátedra de Pedro, deja una huella imborrable en la historia de la Iglesia católica contemporánea y en la conciencia social global. Desde su elección el 13 de marzo de 2013, Francisco transformó el estilo, el lenguaje y las prioridades de la Iglesia. Rechazó vivir en el Palacio Apostólico, prefiriendo la residencia de Santa Marta; insistió en una Iglesia “pobre para los pobres” y centró su acción pastoral en la misericordia, la fraternidad y el cuidado de la creación. Su muerte deja un vacío difícil de llenar y abre el proceso de sede vacante y preparación del cónclave que elegirá a su sucesor. Un pontificado signado por la reforma El pontificado de Francisco se caracterizó por una serie de reformas estructurales, espirituales y pastorales que buscaron poner a la Iglesia en salida, según su propia expresión. Entre sus aportes más destacados estuvo la reforma de la Curia Romana. Con la constitución apostólica Praedicate Evangelium, promulgada en 2022, reorganizó los organismos del gobierno central de la Iglesia, otorgando mayor participación a los laicos y consolidando una visión más sinodal y descentralizada. Esta reforma sustituyó a la estructura definida por Juan Pablo II en Pastor Bonus (1988), abriendo nuevas dinámicas en la administración eclesial. Asimismo, su pontificado se enfrentó decididamente a la crisis de los abusos sexuales cometidos por miembros del clero. A través del Motu Proprio Vos estis lux mundi (2019), estableció procedimientos claros para denunciar y juzgar a obispos y superiores religiosos responsables de encubrimiento. Aunque no todos los sectores quedaron satisfechos con las respuestas institucionales, el papa dejó sentadas las bases de una política de “tolerancia cero”. Otro rasgo distintivo de su gobierno eclesial fue la promoción de la sinodalidad. Francisco impulsó una cultura del discernimiento colectivo en todos los niveles de la vida eclesial. Convocó cuatro sínodos, incluyendo el inédito Sínodo de la Amazonía (2019) y el proceso sinodal universal iniciado en 2021, que incluyó por primera vez la participación de mujeres con derecho a voto en la asamblea sinodal. Estos gestos ampliaron la percepción de corresponsabilidad en la Iglesia. Magisterio en clave profética Francisco fue un papa prolífico en su magisterio. Publicó cuatro encíclicas, que se convirtieron en faros para la Iglesia y la humanidad: • Lumen Fidei (2013), iniciada por Benedicto XVI, completada y firmada por Francisco, sobre la fe como luz en medio de las tinieblas del mundo contemporáneo. • Laudato Si’ (2015), un llamado a la ecología integral, al cuidado de la casa común y a un nuevo estilo de vida ante la crisis climática. • Fratelli Tutti (2020), sobre la fraternidad y la amistad social como camino hacia la paz universal. • Laudate Deum (2023), continuación de Laudato Si’, en la que urgió a gobiernos y pueblos a tomar acciones concretas frente al colapso ambiental. Estas encíclicas resonaron más allá del ámbito eclesial, siendo citadas en espacios académicos, diplomáticos y ecologistas. Francisco fue una de las voces más consistentes en defensa del planeta, de los pobres y de la paz. Pastor itinerante A pesar de sus problemas de salud —entre ellos, una operación de colon en 2021, la colocación de una prótesis de rodilla y diversas hospitalizaciones—, Francisco fue un papa viajero. Realizó 47 viajes apostólicos fuera de Italia, visitando más de 60 países en los cinco continentes. Entre los más emblemáticos se contaron: • Su primer viaje a Brasil en 2013 para la Jornada Mundial de la Juventud, donde miles de jóvenes lo ovacionaron por su cercanía y sencillez. • El histórico viaje a Irak en 2021, donde se reunió con líderes chiitas y visitó zonas devastadas por el terrorismo. • La visita a Canadá en 2022, donde pidió perdón a los pueblos indígenas por los abusos cometidos en internados administrados por instituciones católicas. • Sus encuentros interreligiosos en Abu Dabi y Marruecos, que fortalecieron el diálogo entre el islam y el cristianismo. Francisco viajó allí donde la Iglesia sufría o donde el mundo necesitaba un gesto profético. Fue un mensajero de paz, justicia y reconciliación. Tensiones internas y valentía doctrinal Su estilo directo y su apuesta por una Iglesia más abierta generaron tensiones internas. Algunos sectores criticaron sus decisiones como excesivamente progresistas. La exhortación Amoris Laetitia (2016), que abrió caminos pastorales para los divorciados vueltos a casar, y el documento Fiducia Supplicans (2023), que permitió la bendición pastoral a parejas del mismo sexo, suscitaron tanto entusiasmo como resistencia. En materia litúrgica, sus restricciones al uso del rito tridentino mediante Traditionis Custodes (2021) también provocaron reacciones encontradas. No obstante, Francisco actuó con firmeza, guiado por una visión pastoral y una eclesiología del Pueblo de Dios. Últimos días y legado En sus últimos años, las dolencias físicas se agravaron. En 2024, modificó las ceremonias funerarias papales, eliminando símbolos como los tres ataúdes y la moneda conmemorativa, y pidió una despedida sobria, fiel a su estilo austero. La Casa Santa Marta fue su residencia hasta el final, como signo de sencillez y de cercanía. Francisco será recordado como un papa de gestos contundentes: lavó los pies a mujeres, prisioneros y migrantes; abrazó a los descartados de la sociedad; condenó el tráfico de armas, la trata de personas y el nacionalismo excluyente; defendió a los pueblos originarios y se enfrentó al poder económico que devasta la naturaleza. Fue un papa que habló con autoridad moral y profética, que supo conectar con creyentes y no creyentes. Dejó una Iglesia más consciente de su misión en el mundo, más pobre en medios, pero más rica en espíritu. Hoy, la Iglesia entra en sede vacante, y el mundo entero despide con gratitud a quien se llamó “Francisco”, como el santo de Asís, con quien compartió el amor por los pobres, la creación y la paz. El primer papa latinoamericano dejó una Iglesia en camino, herida pero esperanzada, consciente de sus desafíos, pero fortalecida en su espíritu sinodal. Su memoria perdurará en sus encíclicas, sus gestos, su sonrisa serena, y en las vidas de millones que encontraron en él un pastor con olor a oveja.